Horas más tarde, las amas de llaves habían terminado dejando a Amelia sola con Maximiliano, quien acababa de regresar del trabajo. —Lo siento, prefiero estar solo la mayor parte del tiempo para que los encargados de la limpieza entren a limpiar de vez en cuando —dijo Maximiliano mientras entraba al área de descanso y se quitaba la chaqueta. —¿Qué tal si nos preparó algo de cenar? ¿Te encantaría eso? —preguntó mientras enrollaba las mangas de su camisa blanca hasta los codos. —¿Crees que no sé cocinar? —Amelia preguntó con frialdad. —No, solo quiero cocinar para ti hoy —dijo Maximiliano y después de quitarse la corbata y desabrocharse los botones, se dirigió a la cocina para trabajar en la cena. Unos minutos después, Amelia fue a la cocina a buscar agua porque tenía sed. Se sorprendió

