ALLIE
Terminé la universidad con honores hace 4 años, soy una abogada penalista y especialista en ciencias políticas y a pesar de tener solo 28 años, he logrado todo lo que me he propuesto y que muchos anhelan, todo con esfuerzo y dedicación, me esforcé por cumplir mis sueños sacrificando el tiempo que otros usaban para ir de fiesta o estar con parejas molestas; soy exitosa, fuerte, trabajadora e inteligente, nada ha podido conmigo; sin embargo voy en mi auto en una vista sorpresa a casa de mis padres temerosa de mi madre, si, mi señora madre que apenas si mide poco mas de 1.55 metros, no fui capaz de avisarles de mi llegada; aun quiero tener su aceptación y no soporto estar mal con ella.
Mis padres no me hablan, es por una estupidez que vengo a aclarar, así que por eso no tienen nibidea que llego hoy. Mi madre es la reina de las dramáticas y está tan molesta conmigo que me sacó de su testamento. Ruedo los ojos al recordar la llamada donde me decía que ya no era bienvenida en su vida.
Tuve que venir de improviso porque soy una mujer bastante ocupada, tengo mucho trabajo y obligaciones que cumplir, pero hay un asunto del que necesito salir lo mas pronto posible, así que como no conseguí pasaje de avión para ayer, tuve que atravesar el país en auto, anoche dormí en un motel de carretera porque estaba muy cansada para conducir y esta mañana muy temprano, me puse en camino de nuevo, debería estar en casa en unos 40 minutos, espero que la mujer no comience a lanzar cosas cuando me vea.
Estaciono en la acera frente a la gran casa familiar donde pasé mi infancia y parte de mi adolescencia, han pasado 11 años desde que me fui y es la primera vez que vuelvo a la ciudad desde entonces, el lugar me traía malos recuerdos así que decidí que no volvería a menos que fuera absolutamente necesario. Ella está arreglando el jardín y la miro con una sonrisa de admiración en la cara, está medio loca, pero es perfecta y la mejor madre que una hija podría pedir.
—¿Que mierda haces aquí mocosa desagradecida?, no eres bienvenida en esta casa. — dice mi enérgica madre cuando me ve parada en la acera.
—¡Maaa! ¿podrías parar con eso ya? — Necesito que se calme y deje de molestarme para que se ponga manos a la obra en lo que mejor sabe hacer, organizar una gran fiesta de bodas.
— No, tu padre y yo no te hablamos. — mi padre solo hace lo que ella le dice, lo manipula y hace con el lo que le da la gana, debo hablar con el a solas, divide y vencerás.
— Madre, ¡es una tontería!. — me desespera que sea tan terca.
— ¿Tontería?, te comprometiste para casarte hace pocos días Allie, ¡y no nos invitaste! a ninguna persona de la familia de hecho, ¿como pudiste? soy tu j0dida madre, nunca mas voy a hablarte Allie Rose. — necesito explicarle que lo mío no es una historia de amor de cuentos, solo un matrimonio por conveniencia.
— Madre, mi boda es solo una estrategia política, los padres de Andrew son una de las familias mas poderosas de la nación políticamente hablando, su padre, el ex senador Garriesen, es candidato a la vicepresidencia de la republica, ellos vienen de una larguísima línea de descendientes políticos que han gobernado en este país por siglos, es mi oportunidad de lograr por lo que me he roto el culo, con su ayuda puedo llegar a ser la senadora mas joven que este país haya visto, es una gran oportunidad. — ella no entiende de política, solo de amor y finales felices, es un poco desesperante a veces.
— ¿Y eso que tiene que ver con nosotros? ¡no nos invitaste a tu fiesta de compromiso!. — quiero gritar de frustración, todo fue demasiado rápido y ella suele comportarse muy mal y papá le secunda todo, no quería causar mala impresión.
—Madre…
— Señora Emma para ti. — me da un poco de risa pero no la provoco.
—Madre, te conozco muy bien, habrías hecho algo excéntrico y las cosas se habrían tornado turbias, ellos son conservadores y muy serios, no están acostumbrados a tus peculiaridades. — mi suegra parece, el Retrato de Ginebra de Benci.
— Te recuerdo que tu padre y yo, somos asquerosamente ricos, desde la cuna, ¿como te atreves a tratarnos como corrientes traileros? — es cierto, mis padres vienen de dinero viejo también, pero ambos son súper peculiares y aunque los amo, parecen los locos Adams.
Ella no aprobaría mis motivos para casarme, conoció a Andrew hace años y al parecer le agrada, pero ella no es tonta, se que se huele que algo raro pasa entre nosotros, la mujer tiene un sexto sentido que no le falla nunca; sería capaz de ofender a mis suegros y haría lo que fuera para estropear mis planes si cree que estoy cometiendo un error. Veo la figura alta de mi padre acercarse y ponerse detrás de mi madre, mi padre al contrario de mi madre es bastante alto y se mantiene en forma y apuesto, igual que ella, pero de nada le sirve su tamaño porque es y ha sido su fiel esclavo por 3 décadas, son una unidad indestructible.
—Pero... mira nada mas quien vino a vernos, ¿te perdiste cariño? — dice en tono de burla, necesito sentarme y contarles la verdad y hacer que me entiendan, necesito que mamá comprenda que no todos queremos una historia de cuentos de hadas, no todas queremos ser princesas, a algunas personas solo nos llenan mas nuestros éxitos personales.
—¡Paaa!, vamos a hablar de esto y explicarles todo¿vale? — hago ademan de acercarme a ellos y papá levanta la mano y me detiene.
— ¿Que dijo tu madre? — no lo puedo creer, este par son increíblemente exasperantes.
—Que no soy bienvenida. — respondo como adolescente regañada.
— Ahí lo tienes. — cuando era pequeña, soñaba con algún día tener un hogar como el de mis padres, nunca he conocido a personas que se amen y se apoyen, mas que ellos, pero no todos tenemos esa suerte, así que ahora mi objetivo mas grande es lograr todos mis propósitos profesionales, no importa lo que deba hacer para conseguirlo.
— Papi, no puedes permitir que esta pequeña mujer me destierre, sigo siendo tu princesita — pongo los ojitos de borrego, espero aún me funcionen.
—Lo siento, ella gana. — jadeo indignada y la miro.
—Madre...
— Busca un hotel, no quiero verte.
Me dejan ahí parada mientras vuelven a la casa, no lo puedo creer, bueno, si lo puedo creer, es mi loca familia. Vuelvo al auto no sin antes mirar mal hacia la casa, busco un buen hotel para quedarme, porque me gustan la cosas buenas, amo darme gustos caros, gracias a Dios que gano bien con mi trabajo y no tengo problemas de dinero, si no, el que me deshereden sería una gran tragedia.
***
Resulta que el hotel queda cerca a la fundación de mi madre, llevan años apoyando a mujeres en estado de vulnerabilidad y casualmente Maximiliano Martin, alias “el que no se debe nombrar en mi presencia”, trabaja con ella, hice mi investigación exhaustiva antes de venir; debería ser yo quien estuviera enojada con ella por darle trabajo a ese traidor bastardo, pero no, comprendo que es una labor humanitaria y el también quería salvar al mundo.
Maximiliano también estudió leyes en la universidad local, debido a su condición, tuvo que esforzarse mucho mas, pero al final sacó su titulo y es especialista en derecho de familia, creo que va bien con su personalidad.
Luego de registrarme, me doy un largo baño en la tina de mi habitación de hotel, si mi madre supiera a que vine y lo que planeo, me golpearía hasta reiniciarme; ella no entiende que tengo todo planeado para tener la vida perfecta que tanto deseo, pero sólo me falta algo para formar la familia feliz que quiero presentar ante la alta y conservadora sociedad en la que me muevo.
Está a punto de comenzar el verano y hace un calor de muerte, así que dejo atrás mis trajes de oficina y me pongo un mono corto color beige y lo complemento con un cinturón negr0 que resalta mi pequeña cintura, también mis converse clásicas blancas, puedo estar informal, pero me gusta verme bien. Camino un poco por los alrededores del hotel, necesito encontrar la manera de acercarme a Maximiliano sin que se vea sospechoso; veo donde está aún el restaurante que fue de mi madre hace 3 décadas y aun sigue en funcionamiento, pero no voy ahí, lo mas seguro es que me encuentre con Bella o Henry, dos de los integrantes del trio terrible y no estoy preparada para enfrentar el manicomio aún; así que voy al local de en frente, una cafetería pequeña y tranquila donde puedo pasar inadvertida.
Estoy entrando en el lugar y para mi sorpresa veo un guapo espécimen sentado en una de las mesas, hay cosas que nunca cambian, no podría jamás olvidar esos ojos brillantes y ese cabello que parece que necesita un corte en la parte delantera para que no caiga en su cara; aunque está sentado, puedo notar su pecho duro y fuerte que se pega a su camisa blanca, está incluso mas guapo de lo que lo recordaba, el muy maldito. Lo miro por un buen rato embelesada, viendo como arruga el seño concentrado mientras lee con sus dedos un libro escrito en braille; no me preocupa que me sorprenda mirándolo con deseo, al fin y al cabo sigue estando ciego.
Me acerco a su mesa, no lo puedo evitar, es como un imán que me atrae hacia su cuerpo, además vine solo por un par de días, entre mas rápido consiga lo que busco, mas rápido podré volver a casa. Me pregunto si recordará el sonido de mi voz.
—Maximiliano Martin. — hace un mohín de confusión cuando me escucha, tratando de reconocer mi voz, creo.
—¿Disculpa? — dice levantando la cara hacia mi y encandilándome con su estúpido encanto natural.
—¿En serio? si te armo un berrinche a lo mejor me reconocerías mas rápido. — me burlo recordando nuestras diez mil ochocientas peleas.
— ¿Rosie? — pregunta un poco incrédulo.
—Allie Rose, o Allie a secas si quieres, ese apodo es molesto y perdiste tus privilegios cuando te portaste como un cabrón conmigo.— digo entre irónica y un poco divertida con la situación.
— Allie...
Se pone de pie y babeo, lo veo en todo su esplendor y casi que no puedo cerrar la boca, atrás quedaron los días del enclenque Maxi, este espécimen masculino es todo un hombre bien formado y súper sexi con un cuerpo de ataque y una cara de niño bueno, las mujeres deben volverse locas por el.
— Me gustaría disculparme por la forma en que terminaron las cosas, fui un idiota y creo que te debo una explicación. — honestamente no me importan sus motivos o que pasó, pero quiero que crea que tiene una oportunidad conmigo.
— No la necesito, pero... te acepto una copa y tal vez si me emborracho lo suficiente me agrades un poco mas. — sonrío como una tonta, pero no lo puedo evitar, el despierta en mi sentimientos que no puedo controlar.
—¿Que tal un café ahora? — propone dándome una sonrisa que parece hasta un poco inocente.
—Mmm no, creo que voy a necesitar alcohol para poder escucharte y soportar tu presencia. — Maximiliano Martin, voy a usarte y desecharte como una servilleta.
—¿No podemos hablar ahora? — pregunta un poco timido.
—¿Qué? ¿me tienes miedo?, estoy en el Maryland Park habitación 315, pasa por mi a las 8. — sin mas me volteo y me voy sin despedirme, cuando voy saliendo lo escucho decir:
—¿Te fuiste? Eres tan grosera, parece que no supieras que no puedo verte. — salgo del lugar riéndome como una adolecente, extrañaba a la Allie fastidiosa, ser perfecta a veces es extremadamente aburrido y esto va a ser mas divertido de lo que esperaba.