—No hace falta, entrenador.— respondió Hudson.— Además he traído el coche y después tendría que volver a recogerlo. —Olvídate de conducir tan tarde.— sentenció mi padre.— Avisa a tu madre de que te quedas a dormir aquí. Por poco pego un salto del sillón chillando de la emoción, ni en mis sueños más húmedos contemplaba esa opción. —Si no es molestia...— le lancé una mirada para que cerrase la boca y no le diese a mi padre la opción de pensarlo dos veces. —Para nada, puedes dormir en la cama supletoria que hay debajo de la de Nora, como la otra vez.— solo se le estaban ocurriendo buenas ideas. Aunque tenía clarísimo que Hudson no iba a dormir en la cama supletoria; iba a pasar la noche conmigo en mi cama, al lado, encima, debajo...— Ven, vamos a prepararla. Mi padre le hizo un gesto a
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