—Soy London.—si mi corazón iba a mil por hora no puedo ni imaginarme cómo estaría el suyo.—Juego en el equipo, entrenador. —¡¿Y por que Hudson esté aquí, te has creído que podíais montar una maldita fiesta de pijamas en mi casa?!— tras aquello oí cómo se abría una puerta. Supuse que era la mía por la distancia. —¿Qué ocurre entrenador?— preguntó Hudson haciendo una de las peores interpretaciones que he oído en mi vida, y eso que en la clase de teatro de Erin he presenciado mucha gente sin talento alguno. —¿Has invitado a London a mi casa?— supe al instante que Hudson se iba a derrumbar, le tiene demasiado respeto a mi padre como para poder mirarle a los ojos y mentir. —Nunca haría eso.— en su voz se notaba la necesidad de aprobación.— Ni siquiera nos llevamos bien. Estuve a punto de

