Nikolai. Miro a cada uno de los que estaban en esa bodega. —¿No los vieron?— niegan. Frunzo el ceño. Vadim se acerca sigiloso, temiendo que lo golpee. —Kolya... Puede que escuchábamos algo de italiano entre ellos— mi cabeza da jn latigazo de lo rápido que la giro hacia él. —¿Italianos dices?— lo miro entre cerrando los ojos. —Si. De hecho, llamé a Luca, vendrá en unos minutos y nis ayudara a revisar las grabaciones que no se vieron comprometidas. Suspiro frustrado, colérico, y a pinto de asesinar a alguien. —Aléjate — le digo sonriendo, pero para nada divertido, a Vadim. Este abre mucho los ojos y retrocede un montón. Con las manos en mis caderas, miro a mis hombres, giro en redondo observándolo todo. —¡Un maldito embarque de armas!— me altero y agitó las manos. —¡¿Como es

