Lorraine. Me llevó a almorzar, una cafetería en la que nos sirvieron unas asquerosamente grasosas y deliciosas hamburguesas de queso y papas. —Dios mío... Hace tiempo que no probaba una de estas. Creo que desde que estaba en la universidad— Román sonríe mientras me como una papa. Roman soltó una suave risa, haciéndome sonrojar. —Vaya, hace tiempo que no veía a una mujer sonrojarse tanto— gimo frustrada, me sonrojaba por todo. Relamiéndome los labios, sonreí. —No sabía que el Don sabía de lugares poco saludables— sonreí, logrando que me regalará una preciosa sonrisa. Roman dejaba de estar con el ceño fruncido cuando no estaba con asuntos de la Cosa Nostra, supongo que era demasiado difícil. —¿Cuantos años tienes?— pregunté, debe de ser el Don más joven. Sonríe, llevándose una papa

