Roman. Mis oídos zumban. Parpadeo tratando de ubicarme. —¡Lori!— grito, pero mi voz se oye lejana. Tanteo el suelo en donde caí, escombros del techo de la iglesia están desperdiciados por aquí y por allá. El polvo nubla mi visión a parte de la conmoción. —¡Roman!— volteo, intentando ubicar el sonido de la voz de alguien llamandome. Aun es difícil, el sonido en mis oídos aún no cesa. Me muevo, estoy sobre mi estómago, mis manos tocan vidrio y concreto, con dolor en las costillas me levanto. Estoy seguro que alguna se me rompió. Miro a mi alrededor, varias personas salen corriendo de la iglesia, otros, ayudan a los que están debajo de los escombros. Miro frenético, buscando a Lori. Mi mujer, estaba justo a mi lado, tenía su mano en la mía, pero la explosión nos lanzó en sentidos cont

