Lorraine. Las olas van y vienen, la marea apenas está subiendo, el aire está cargado de salitre. Mi rizos se mueven por la brisa, sentada en el jardín trasero, veo como el sol se pone. —Te estaba buscando— miro sobre mi hombro. Lleva puesto unos pantalones de chandal, una camiseta básica blanca, está descalzo. —Estoy aquí...— Es todo lo que digo y vuelvo a ver al frente. Lo escucho acercarse, puedo sentir su calor emanar a mi costado, se sienta a mi lado en el escalón. No dice nada por varios minutos. —Yo... ¿Porque no me contaste qué tu padre te abordó en el club?— lo miro de inmediato, su rostro está sereno, se levanta y vuelve a mi con una manta en las manos, colocandola sobre mis hombros. Trago en seco, aprieto la manta sobre mis hombros y respiro hondo. —Tenias demasiados

