Pasó como media hora y yo, sola con mis pensamientos, comencé a ponerme nerviosa. Un murmullo ahogado llegó a mis oídos, y al principio pensé que era solo mi imaginación, pero fue creciendo, tomando forma, hasta que las voces se hicieron claramente distinguibles. Mirando por la ventana, automáticamente me tapé la boca con las manos para no soltar un grito ya que lo que ví, era horrible. Una multitud negra, que agitaba antorchas encendidas. Fluía en una corriente rápida hacia el palacio, incendiando todo a su paso, y pensé que tenían que ser idiotas clínicos para prender fuego dentro de las mazmorras. Nubes de humo ya flotaban sobre las torres de los edificios, e incluso en el dormitorio de la reina había un olor amargo a ciudad en llamas. Entre la multitud, comenzó un movimiento extraño y

