—Thea, ¿te comieron la lengua los ratones? —Santiago me observa entretenido. Tengo más sorpresa que miedo por su repentina aparición en mi departamento. Miro mi casa en búsqueda de algo fuera de lugar. Sé que recién la acaban de arreglar, pero presiento que él es de esa clase de personas observadoras y quisquillosas. —No voy a preguntar cómo demonios me encontraste. —Me acerco y pongo las manos en mis caderas—. Tengo un compromiso esta noche y en pocos minutos vendrán a verme. —¿Eso quiere decir que es aquí en tu departamento? Escucho su voz y tiemblo por dentro. ¿Cómo es posible que me cause esas sensaciones con solo hablar? —No te autoinvites, ni se te ocurra. Estoy segura de que eres un hombre muy ocupado, así que ¿por qué no me dices de una vez a qué viniste? ¿Por qué te tomaste

