Llegamos al castillo después de estar en el aire por más de una hora. Al parecer, nos pasamos del tiempo previsto, según Santiago, por un clima poco favorable. La casa es un verdadero castillo: una mansión de estilo medieval en el medio de la nada. Hectáreas y más hectáreas de tierra rodean la propiedad. El verde impera en la hierba. Un carro nos espera al momento de bajar del jet. —¿Cómo trajo Matti a Sophie? —le cuestiono al calcular la distancia en la que nos encontramos con la de donde vivimos. —Imagino que en su jet, al igual que yo. —Sube los hombros, indiferente. —Obvio. Ambos tienen avioncitos de juguete para viajar cuando no quieren coger tránsito. —No son aviones de juguetes, son Cessna 510 Citation Mustang. —Vaya, me dejaste igualita —ironizo. —Mujeres —murmura. Se aleja

