Maldito sea el día en el que decidí olvidarme de mi diablo buscando trabajo en esta estúpida empresa. Siento que voy a vomitar. Algo en él, en su rostro, en su manera de mirarme, me hizo pensar que lo conocía de algo. La verdad es que no lo había visto, no hace años y no para ningún tipo de negocio. Sin embargo, él, Dominic Dosther, sí me vio a mí. Ahora lo hace como un asesino evalúa a su presa. —Si me disculpas, daré por terminada esta entrevista. —Aprieto fuerte el mango de la cartera y salgo con rapidez de la oficina. No recuerdo la última vez en la que me sentí tan avergonzada. Nunca he acostumbrado a pedir ayuda a nadie, quizás antes de que mi madre muriera. No obstante, luego de encargarme de Joshua, procuré jamás necesitar de nadie. Solo en ese momento, cuando no tenía para sal

