—Tal vez algún día estaré sentada entre ellas— dijo Druscilla sonriendo—, es un pensamiento un poco deprimente, ¿no crees? —Tú tienes demasiado espíritu y eres demasiado hermosa para que puedas llegar a verte algún día como ellas, por vieja que estés— contestó él Ella le sonrió y luego después la mirada de él, la obligó a bajar los ojos. —Druscilla… — empezó sir Anthony en voz baja. —No, por favor… no lo digas. —¿Cómo sabes lo que voy a decir?— preguntó él. —Lo adivino… y eso arruinará todo. ¡Soy tan feliz de contar con tu amistad! Y en estos momentos estoy realmente necesitada de… amigos. —No es amistad lo que yo siento por ti-- dijo sir Anthony—. ¡Maldito sea Stephen! ¿Por qué no te vi yo primero? —Por favor, sigamos siendo amigos— le suplicó Druscilla—. No puedo explicártelo, pe

