CAPÍTULO VI-3

1042 Palabras

Christine se dejó caer sentada sobre la cama, sin atreverse a tocar los papeles, aunque comprendió que eran pagarés por diversas cantidades de dinero. —¿Cómo lo lograste?— preguntó en voz baja. —Yo sabía que Walden era un jugador— dijo el Marqués—. Cuando te dejé, regresé a la Casa Devonshire. Pensé que era probable que lo encontrara en el salón de cartas, que era donde estaba precisamente. —¿Pero, ¿cómo lo convenciste para que aceptara tan elevadas apuestas? —No tuve que convencerlo— contestó el Marqués—. Ya estaba en la mesa con tres hombres más… uno de ellos amigo mío. Le dije a mi amigo que cierta encantadora dama lo estaba esperando abajo, para bailar con él. Le guiñé un ojo al hablar y él comprendió que yo quería tomar su lugar. Me lo cedió. Walden no podía negarse a jugar. Ademá

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