El sonido de una máquina que parecía estar muy cerca me despertó de mal humor, bajé hasta la puerta principal y salí, allí enfrente de la casa habían estacionado un jeep rojo.
—Buenos días, ¿es usted la señorita Harris? —preguntó un hombre que salió de la grúa y se acercó.
—Sí, soy yo.
—Debe firmar aquí—me entregó un papel el cual firmé, el típico que te entregan cuando recibes un paquete, pero este era un enorme paquete sin destinatario. —Esto es para usted—me entregó un sobre y las llaves del auto antes de dar media vuelta y alejarse en la grúa.
Revisé la parte delantera del sobre blanco, tenía mi nuevo nombre en él, podía reconocer la perfecta caligrafía de mi abuela en ella. Fui hasta el auto y entré, respiré profundo dentro de él, me creerían loca, pero podía sentir su aroma suave y delicado, era el perfume de mi abuela, creí que jamás volvería a sentirlo en mi vida y sin embargo allí estaba, otra vez nostálgica e intentando tragar las lágrimas que amenazaban con salir, claro que me ganaron y salieron una tras otra. Las aparté mientras abría el sobre, saqué la hoja de papel doblada que había dentro y comencé a leer sus hermosas palabras.
Querida Olivia:
Ellie y yo te extrañamos demasiado cielo. Las cosas aquí están complicadas, pero no te quiero preocupar, estamos bien, te lo prometo, confía en mí, se lo que pensaras, pero por ninguna razón en este mundo puedes volver aquí, llamar o contestar a esta carta, espero que no vayas de terca y lo hayas entendido.
Hasta que nos volvamos a ver y realmente espero que nos volvamos a ver porque quiero escuchar cada detalle de ese viaje en el que de seguro te convertirá en una persona nueva, hasta entonces deseo con todo mi corazón que tu realmente seas feliz.
Y lamento decirte esto, pero esta será la única carta que recibirás de mí, luego necesito que la quemes, no podemos arriesgarnos ahora.
Con mucho amor, Ellie y tu abuela te aman.
Era demasiado temprano como para estar llorando tan desconsoladamente.
Quería marcar en mi celular el número de casa, que Ellie contestara y poder hablar con ella al menos por un minuto, escuchar su voz y la de la abuela, solo un minuto necesitaba para saber si estaban realmente bien, decirles que las extraño más de lo que admitiría.
Pero entonces recuerdo los minutos que desperdicie, esos minutos que me pasé dentro de mi cabeza, ignorando todo a mi alrededor, quería volver el tiempo atrás y escuchar más lo que decían los demás, las historias que me contaba la abuela, la dulce voz de Ellie contándome de su día, la vos de mi padre en una llamada del trabajo, y hasta podría soportar la voz de Kristen con tal de volver en el tiempo.
Apoyé mis brazos sobre el volante y mi cabeza sobre ellos, solo quería seguir llorando y redimiéndome sobre todo lo que hice mal. No sé realmente cuanto tiempo estuve así hasta que el sonido de unos golpecitos en la puerta de mi auto me sobresaltó, arrebaté todo rastro de lágrimas, como si no me estaría delatando ya con mis ojos rojos al igual que la punta de mi nariz, entonces vi a Louisa Lee fuera, viéndome preocupada.
—Niña, ¿estás bien?
—Sí, claro que sí, es solo que no me acostumbro a este clima, me da alergia—evitaba mirarla a la cara.
—Haré como que te creo, pero solo si me acompañas—salí del auto y ambas caminamos hasta su casa, me invitó a pasar y la seguí hasta la cocina. —Toma, llévalas al comedor. —me extendió un plato con galletas con chips de chocolate, olían demasiado bien, no comía galletas caseras desde que era una niña. Obedecí y las dejé sobre la mesa mientras ella venía detrás de mí con una bandeja de metal y un juego de té de porcelana blanca que tenía unas margaritas pintadas, eran como las del piano de Rosie en su habitación.
Me senté en una silla y ella frente a mí. Colocó una taza frente a mí y otra frente a ella y sirvió té en ambas tazas, el líquido era rojizo y raro.
—Es té de amapolas, Maggie. No dejes que se enfríe.
—¿Té de amapolas? —pregunté dudosa.
—Sí, es una infusión que preparo, al igual que otras.
—¿Haces infusiones con flores? —pregunté extrañada, no sabía que se podían preparar, no solía tomar té, era una persona más de café.
—Con plantas, ellas tienen muchas propiedades—respondió amablemente sonriéndome mientras yo tomaba un sorbo que de hecho no estuvo nada mal.
—¿Qué propiedades tienen las amapolas?
—Se la conoce como un calmante, ayuda al nerviosismo y la ansiedad, entre otras cosas—era muy interesante la conversación, pero no había dejado de pensar que ella tenía todo esto preparado, era raro, tal vez estaba esperando a alguien.