—Maggie —se sorprendió Anne de verme entrar, se alejó del hombre con el que hablaba para acercarse a mí sonriente a saludarme con un abrazo, seguía siendo raro, ni mi padre me había abrazado tanto como ella en toda mi vida. —Espero que no te hayas confundido, ¿Si sabes que comienzas el lunes y hoy es domingo, ¿no?
—Sí, claro, yo solo quise conocer la florería antes—le conté mientras veía cada rincón lleno de flores llamativas.
—Me alegra y que bueno que estés aquí, mira lo que hizo mi madre para ti—fue detrás de un mostrador y de algún lado por allí abajo saco un delantal igual que el que ella traía puesto. Era el mismo verde que el exterior del lugar, a la derecha tenía mi nombre bordado en blanco junto a un aplique de una verdadera magnolia pequeña y blanca, era realmente muy lindo.
—Es muy hermoso, gracias—pasé mis dedos por el delicado aplique.
—No hay de que cielo. Espero que no tengas nada que hacer esta noche, vendrás a cenar a casa—no parecía una pregunta.
—¿Esta noche? De hecho, tengo aún muchas cosas que desempacar y ya hicieron mucho por mí, seguramente es su cena familiar y no quiero molestar —realmente me daba envidia, siempre quise de esas cenas familiares, en el patio de casa, solo la familia compartiendo comida y charlando.
—Tu no podrías molestar, desde que te mudaste, mi familia es la tuya. Todos en el pueblo somos familia y eso también te incluye—me sentía extraña de que dijera eso, no me conocían en lo absoluto y si lo hiciera, estoy segura de que me hubieran cerrado la puerta en la cara, pero de todas formas estaba allí diciéndome eso sin saber sobre mí, haciéndome sentir parte de algo. —Bueno, ya es todo por hoy. ¿Nos vamos juntas? —me preguntó mientras se quitaba el delantal.
—Claro.
Ambas salimos del local y unos metros adelante estaba mi auto, casi olvido que vine en él.
—Aquí está mi auto, casi lo olvido. —destranqué y le abrí la puerta de copiloto, el único asiento que no estaba lleno de cosas. Anne subió y el pequeño trayecto hasta nuestras casas fue corto.
—Gracias cielo. No lo olvides, 8.30 p.m. cena —me recordó cuando ambas bajamos del auto.
—No lo olvidaré—ella entró en su casa y yo comencé a llevar mis compras hasta la habitación, arrojé todo sobre la cama y de una bolsa saqué un traje de baño bordó, Claire me dijo que estaba a la moda y además me gustó que fuera simple, me la puse y sobre ella un vestido playero blanco, unas sandalias y en un bolso cargué una toalla y el bronceador, desde que llegué esta era la primera vez que iba a la playa que estaba frente a mi propia casa.
En cuestión de segundo ya estaba allí, frente al mar ruidoso, bajo el sol, supe que no podía pedir nada más relajante. Me quité el vestido, tiré mi toalla en la arena y me recosté sobre ella mientras me colocaba el bronceador.
—¿Necesitas ayuda con eso? —voz irritante y burlona, no necesitaba voltear para ver a Thomas.
—Tu ayuda no, gracias—lo miré un segundo hasta que noté que estaba con Nick, el chico de la tienda. —Nick, ¿Podrías hacerlo tú? —pregunté a lo que este asintió nervioso cuando le pasé la botella y comenzó a desparramar el contenido del envase, solo quería molestar al castaño a mi lado. Vi a Thomas alejarse sin decir más nada.
—Ya está.
—Gracias—le sonreí de lado.
—Para lo que quieras. —me guiñó el ojo antes de irse.
Me dispuse a tomar sol un rato hasta que me cansé, me levanté y caminé hasta el mar, me zambullí en él, esto era lo que anhelaba, lo que me hacía sentir al estar bajo el agua, me sentía segura, nada me molestaba y dejaba de pensar en todo lo que me abrumaba.
Al rato salí del agua solo para ver le atardecer, como todo se teñía de naranja y a cada minuto que pasaba el sol se ocultaba más y más. Me quedé hasta que desapareció por completo y me di cuenta de que tenía una cena, así que no me quedo de otra que juntar mis cosas e ir a casa.
Me di un baño y al salir me puse un vestido corto de color azul marino con flores blancas, unas sandalias bajas también azules y ya estaba lista pero aún faltaban como diez minutos. Me había vestido bien, ¿cómo una persona decente o como todos aquí lo hacían?
Quería ser lo contrario a Olivia, otra persona por completo, pero en realidad siento que solo quiero encajar como todos aquí, no me desagrada el vestido ni las sandalias, creo que está bien intentar descubrirte empezando por la ropa, ¿No? de todas formas, jamás me maquillaría para encajar, ese es mi limite. ¿Todo esto será porque me afectó el comentario de Thomas? Ese idiota me da más cosas en las que pensar y lo que necesito es menos. De pronto a mi mente llegaron las palabras de mi familia, que intente olvidar el pasado y disfrutar, era otra oportunidad y eran suficientes lamentos y tristezas. Desde ahora me reto a mí misma a intentar divertirme más en estas vacaciones permanentemente temporales.
El tiempo se mata dentro de mis pensamientos, ya estaba cerrando la puerta de mi casa para tocar el timbre de la casa de al lado.
—Hola Maggie, te ves hermosa —me sonrió Rosie dándome lugar para entrar.
—Gracias, tú también—ella traía un top rosa con algunas estampas floreadas y una falda tableada del mismo color.
Ambas fuimos hasta el patio trasero, era hermoso, muchas flores y luces. Ya todo estaba servido, al parecer solo faltaba yo, pero juro que no fui impuntual.
—Hola cielo—me abrazó Anne y luego también Louisa, les correspondí ya casi acostumbrada. Anne me dijo que me sentara en el asiento que estaba vacío junto a Thomas que solo miraba su celular y tecleaba.
Louisa que estaba en la punta de la mesa comenzó a servirnos la comida a todos, mientras Rosie frente a mi comenzaba a hablar sobre el comienzo de clases en dos semanas, era mi último año y podría ir a la escuela, aunque quiera asistir necesito inscribirme con la firma de un tutor que claramente no tengo.
—Maggie debes hacer una audición para la clase de teatro, necesitamos a alguien que toque el piano en las obras de teatro —me miró ilusionada Rosie.
—¿Tocas el piano? —preguntó sorprendida la abuela de esta.
—Sí, un poco.
—Eres muy humilde, ella es genial, el otro día tocó Build Me Up Buttercup abuela, una de tus canciones favoritas—seguía hablando la joven pelirroja.
—Debes tocar para nosotros—dijo de repente Thomas, su expresión graciosa había vuelto.
—No, enserio no soy buena—Thomas se levantó de su asiento de un golpe, me tomó la mano y me arrastró hasta la sala donde había un hermoso piano de cola de un marrón desgastado. El idiota básicamente me empujo y caí sobre el taburete, las demás nos siguieron y ya estaban sentadas en un sofá gris a mi derecha, estaban viéndome de perfil y yo me estaba muriendo de vergüenza al tener que tocar para cuatro personas, solo he tocado para Ellie, papá, la abuela y Rosie, todos por separado.
Los miré por última vez a todos expectantes antes de posar mi vista sobre las teclas. Coloqué un mechón de mi cabello oscuro detrás de mí oreja, suspiré y dejé que mis dedos hicieran lo suyo, tocar la melodía que sabía perfectamente, la que le mostré a Rosie, la canción de mis padres y al parecer la favorita de Louisa
—Fue hermoso—dijo Anne mientras aplaudía sonriente al igual que Rosie.
Sin embargo, pude ver a Thomas y su abuela, tenían la misma cara desconcertada. No debí tocar, sabía que Louisa también sabia tocar, lo supuse desde el inicio y de seguro lo hice pésimo. En cuanto a Thomas, supongo que creyó que no podría hacerlo.
—Gracias—dije tímidamente y saliendo detrás del piano, por si acaso.