Carla llevaba un día en el que todo le salía mal y estaba un poco agobiada. Tenía ganas de llegar a casa, llenar la bañera y relajarse, olvidándose del mundo. Por un momento pensó en tener sexo telefónico con su novio y se le dibujó una sonrisa. Él estaba desplazado en un proyecto durante varios meses y se veían poco, por lo que varias veces habían mantenido conversaciones muy calientes y los dos habían acabado masturbándose al teléfono. A Carla le reconfortaba saber que esas corridas de su novio no iban a parar a otras afortunadas, prefería que fluyesen en una conversación con ella. Mientras pensaba en sus cosas, notó una sospechosa humedad en la braga y decidió pensar en otra cosa para evitar acabar masturbándose en la oficina. No esperaba para nada la llamada de su amiga Roxana. Así

