Años después... Miranda se encontraba en el patio trasero, un lugar lleno de vegetación y arbustos, de su casa, en los Hamptons, disfrutando de una tarde de verano casi sin contratiempos. Sentada en una reposera junto a Stormy, su dedicada niñera pelirroja, observaba con una sonrisa el incesante bullicio que emanaba la piscina. Los pequeños, Maggie y su hijo a quién cariñosamente llamaban Momo, se reían y chapoteaban sin preocupación, sumergiéndose en juegos y travesuras que llenaban el aire de risas y alegría. La escena era sencilla y familiar: el sol caía con fuerza, calentando la piel y la atmósfera, mientras el sonido de las risas infantiles se mezclaba con el relajante murmullo del agua. A lo lejos, en otro sector del patio, Miranda podía ver a su esposo Seven conversando animadamen

