Durante el día, Mariposa se movía por la casa como una sombra diligente, profesional y concentrada. Seven la observaba con atención discreta, tratando de no traicionar con una mirada lo que su cuerpo deseaba con urgencia. Había una línea invisible entre ellos en horario laboral, una que ninguno cruzaba. Ella lo trataba con respeto. Él mantenía la distancia. Como si no se desearan. Como si no recordaran las noches de pasión compartidas. Pero cuando caía el sol y la casa se cerraba a ojos ajenos, cuando los niños dormían y Stella estaba en su cuarto, todo cambiaba. Era entonces cuando Seven la arrinconaba contra la pared de la cocina, con las manos fuertes que ella adoraba, y la besaba como si llevara días sin hacerlo. Mariposa lo recibía con una sonrisa que temblaba entre ternura y hambre

