En la ciudad muy lejos de Industrias Kosmos, Black Knight, saltaba de techo en techo, buscando a la heroína del traje rojo. Nada, no había suerte por más que buscaba por todos lados, no lograba localizarla. La noche había caído sobre el panorama citadino, desesperando al héroe que no tenía señales de su compañera, no sabía cómo comunicarse con Royal Red, ella siempre mantenía la distancia fuera del combate, jamás le dio un numero o alguna forma de contactarla. ¡Balla compañera!
Entre uno de sus saltos, pensó ver el vestido rojo de falda a bombada y holanes que conformaba el traje de Royal red. «My dear» dedujo el caballero, acercándose recordaba cómo le gustaba ver a la heroína moverse con delicadeza por las calles, uno pensaría que es complicado saltar o correr en botines con tacón, sumado a la pomposidad de su falda, no debía ser tarea fácil movilizarse, mucho menos combatir. La heroína sin duda tenía tanto talento para lograrlo, haciéndolo parecer tan fáci, volando por ahí entre elegantes saltos, que revoloteaban su falda, como una bella flor guiada por la briza.
Black Knight, detuvo en seco sus movimientos al ver que la figura, no era la heroína sino su compañera de clases Adara, regañándose por confundirles, mordió su labio recordando esa divertida tarde. Reparando en que jamás le agradeció, una incógnita nacida ¿Cómo podía agradecerle esos encantadores recuerdos? Fue por mucho, lo único bueno que le sucedió en esos días y ahora también tendría que despedirse de ella, cuando finalmente empezaban a conocerse más a fondo, sintiéndose confortado por su presencia, incluso creía comenzar a sentir algo más, ahora que la venda impuesta por el amor ciego a Royal Red desaparecía.
Regresando a su hogar, sus pensamientos se inundaron del recuerdo de Adara, lucia tan hermosa esa noche, en ese vestido n***o con falda roja, con pose pensativa en medio de la terraza de su hogar y sus largos cabellos ondeantes por el viento. Un sonrojo peculiar, coloreo en las mejillas del chico, al recordar aquellos ojos azules centellando bajo las estrellas.
El traje de Black Knight desapareció, apenas sus pies tocaron el suelo de su habitación, caminando en trance hacia el escritorio, ubicado cerca del ventanal exterior.
— ¿Por qué no te has acercado a ella? — inquirió el pequeño gato, acomodándose sobre la superficie de madera.
—No podía hablar con ella, no de esta manera — respondió, seriamente sacando papel y lápiz, comenzó a escribir con una sonrisa en sus labios.
—Eso significa que ya tomaste una decisión. — afirmó, acompañando a su soñador en su felicidad.
—Creo que sí, mi mente aún se enreda un poco en los detalles. Pero, un nuevo comienzo es necesario. – miró a su compañero que mecía su cola de manera curiosa — No quiero más engaños, desde este momento hablare con sinceridad y esperare que responda igual.
—Si estas completamente seguro, supongo que te acompañare. Claro eso te costara tus postres — rio suavemente el pequeño felino.
—Hablando de eso, es mejor que busques algunos bocadillos, saldremos de nuevo. — finalizó cerrando el escrito en un sobre. — Solo espero que ella pueda aceptarlo y comparta por lo menos una pequeña parte de estos sentimientos.
Mauvais sin perder tiempo, se deslizo a través de la ventilación hasta la cocina, buscando por las alacenas cualquier bocadillo que pudiese cargar, se aseguró de llevar varios panecillos, galletas, algunos trozos de queso y bolsas de papas, colocándolo todo en una manta que serviría de bolsa, el desenlace estaba cerca podía sentirlo, lo mejor que podía hacer era disfrutar de toda la comida que pudiese por ahora.
El felino regreso cargando muchos alimentos, compartiendo algunas galleta y papas con el chico para recargar las energías de ambos. Una vez terminado su pequeño picnic, Black Knight, hizo su aparición portando el traje n***o, con pantalones ligeramente holgados, pechera protectora a juego, sobre la cual se delineaba en plata la constelación de feliz, un casco n***o que poseía una singular media luna protegía su cráneo. Él siempre vio su traje, como la armadura de un caballero de los cuentos que su madre relataba en su infancia. No comprendió las bromas de Royal, respecto a que su traje parecía cualquier otra cosa menos la armadura de un caballero. Tomando la carta entre sus manos, la coloco con mucho cuidado en uno de sus bolsillos ocultos por debajo de la pechera, suspiró nervioso por lo que haría, pero ya había tomado la decisión de no ser como su padre, el seria sincero en todo lo que pudiese.
Quizás era demasiado apresurado, pero llevar las cosas con calma no era su estilo, aunque muchos creían que él poseía una gran paciencia, la verdad es que el también caía en los arrebatos típicos de su edad. Y es que era fácil olvidar que el tan solo tenía 17 años, por las actitudes que debía adoptar por llevar un apellido que representaba tanto renombre pesaba sobre sus hombros.
—Ojalá todo salga bien – susurró en un ruego, arrojándose nuevamente a la oscura noche.
Llegó a la casa de Adara casi de inmediato, ser un héroe, con la capacidad de movilizarse por los cielos nocturnos tenía sus ventajas. En un último impulso salto hacia la terraza del edificio compuesto por tres plantas, cayendo en silencio no quería ser visto por nadie en ese momento.
Dirigió su andar a la entrada de la azotea que colindaba con la habitación de Adara, cruzando los dedos por que estuviese abierta, para su suerte parecía que la joven había olvidado poner el seguro.
«¡Bien así es mejor! — exclamó mentalmente, para luego bajar su alegría pensando en los riesgos — Pero que chica más, ¿Qué tal si algún tipo de lunático decidiera entrar por aquí y hacerle daño?» regañaba sin detener su camino al recinto donde Adara descansaba.
El lugar le sorprendió mucho, era la primera vez que entraba en la habitación de una chica sin estar luchando con un villano, así que se dio el tiempo de contemplar brevemente su alrededor. Las paredes estaban pintadas en color crema, con distintos dibujos de mariposas y hadas coloridas, acompañadas de algunos árboles, generando la impresión de un bosque, frente a Black había un tocador antiguo, con productos de belleza sobre él. Al lado derecho un armario grande de dos puertas con decoraciones doradas asemejaba a esos que se veían en los cuentos de hadas, dirigió su mirada asía el lado izquierdo de la habitación, ahí se encontró con la cama de la chica, esta estaba decorada por grandes cortinas rosas e iluminada tenuemente por luces de hada en forma de zetas silvestres creando un vistoso espectáculo, justo al centro de toda aquella escena, cual princesa en bosque encantado se encontraba Adara, podía confirmar que el apodo de princesa le quedaba como anillo al dedo.
Paro unos segundos frente a la cama de la chica, contemplando su rostro, tanta paz en su rostro solo la hacía ver preciosa, con sus cabellos negros ondulantes totalmente sueltos, siendo libres para enredándose entre sí, le causo mucha gracia como algunos caían por su rostro en clara rebeldía. Decidió acercarse acomodando uno de los mechones que cubrían su mejilla, deposito un delicado beso en esta.
«Como en la bella durmiente» aseguro para sí Black.
El contacto provocó que la bella durmiente frente a él se moviese, casi golpeándole en el rostro al invasor de su intimidad, al tiempo un resoplido nasal muy gracioso escapaba de la chica. El boku que podía ver y escuchar lo mismo que el caballero, desde el interior de su arma, trataba de contener su risa, para el felino que veía toda la escena sin la magia del momento, solo era una chica infantil, con cabellos desordenados, que emitía sonidos similares a los de un puerco. Black Knight retrocedió con los ojos muy abiertos, amonestándose por haber caído en tal tentación, para su suerte la joven de cabellos oscuros tenía el sueño pesado y simplemente se acomodó plácidamente en su cama, ajena al intruso.
Einar, tomo un segundo para respirar después del susto y continuar con su verdadera misión.
—Espero puedas aceptar – susurró depositando la carta a su lado, para luego retirarse.
El resto de la noche no pudo dormir, pensaba en lo que sucedería al día siguiente, si tendría la oportunidad de un nuevo comienzo ¿podría encontrar a Red y alertarla? Pasitea Land estaría a salvo?
El cielo nocturno termino por pintarse de naranja, con los primeros rayos del sol dejando una sola suplica en la conciencia del joven.
«¿Dónde te encontraras ahora Red? Por favor déjame verte una vez más, debes saber de mi padre»