Pensé que ese sería solo otro aburrido día mientras caminaba por casa, con Mauvais como única compañía ¡Que sorpresa, papá no estaba en casa! ¡Qué Irónico! Tras los sucesos del día anterior, no pude evitar sonreír levemente al imaginarlo entrando en aquel lugar que era su centro de planeación malvada, mientras su rostro cambiaba lentamente de esa fría expresión altiva a una de caos total viendo todo totalmente destruido.
—Creo debiste contarle a Royal lo que descubriste— habló mi compañero alado, quien me seguía volando de cerca, con una mirada que denotaba la gravedad del asunto.
Por mi parte suspire sopesando la idea, una parte de mi aun quería negar la cruel realidad de mi padre siendo el mayor supervillano de todos.
—No creo sea necesario, ya destruí todo aquel sitio. Él no puede hacer más daño ahora.
El terror recorría mi espina de solo pensarlo, no quería decirle a Royal Red que mi padre era el malvado ser que hacía peligrar la vida de su propio hijo cada día. No es que el supiese quien era yo ¿o sí?
¡No!, él podría ser indiferente conmigo; pero jamás un psicópata que desease dañarme conscientemente. Un peso enorme estaba oprimiendo mi pecho, no podía dudar de él, no de esa manera.
—Espero que sea así, si lograse seguir generando pesadillas, seguramente regresaría más molesto que nunca y tu amada monarca estaría en problemas. Quien sabe lo que un vengativo hombre lleno de la magia del vacío podría hacer.
Aquella sentencia de mi acompañante solo lograba añadir más tención a la situación, Mauvais nunca hablaba nada enserio, él siempre tenía su cabeza llena de comida, si hablaba de esa manera tan solemne y directa algo no debía estar bien.
Sin querer continuar la discusión con Mauvais, me dirigí a la escuela tratando de poner calma en mi mente. Si me quedaba en casa, me encontraría solo, sofocándome bajo el peso de todos esos pensamientos oscuros que amenazaban con emerger, algo en mi interior gritaba que debía alejarme de todos ellos todo lo posible. En la Escuela al menos tenia a Agust para distraerme, además de las clases, los compañeros y otras actividades; con todo aquello, la escuela sonaba la mejor opción para pasar el día, definitivamente quedarse en casa solo no era mi plan de acción por ahora.
Baje del auto caminando al sitio habitual donde Agust me esperaba cada mañana, mi felicidad no pudo ser más grande al ver que mi querido amigo ya estaba ahí, sin duda podía contar con el siempre a diferencia de “otros”, lo salude mirando de reojo a Adara que parecía intranquila ese día, no es que pudiera juzgarla, no tengo mucha oportunidad de tratar con ella y las pocas veces que interactuamos parece no querer hablarme, siempre respondiendo de manera tensa, forzada, siempre corriendo a otro lado o dirigiéndome la menor cantidad de silabas posibles como si tuviese miedo de decir algo.
En grupo parecía una persona graciosa, amable, con la que siempre puedes contar, hasta podría decirse que me parece delicada y bonita; tuve la oportunidad de observarla un par de veces al ser la mejor amiga de la novia de Agust, coincidíamos mucho en eventos y viajes, el problema real es cuando nos dejaban solos, un incómodo ambiente de tensión se instalaba entre ambos. No me percate que la miraba fijamente hasta que sus ojos se cruzaron con los míos, tan azules como los de mi querida Red, pensé sintiendo un pequeño dolor interno.
Mi mente no pudo recorrer los fatídicos eventos con Red, porque de improvisto una voz me saco de mis pensamientos.
—Einar, podría hablar contigo – habló de una manera firme como mi amada heroína, haciendo que mi corazón saltase de golpe – bu-eno s-si es que puedes p-pero creo estas ocupado así que mejor no.
En un abrir y cerrar de ojos regresó a ser la misma chica tímida que no quería hablar conmigo, sonreí suspirando debía de dejar los pensamientos de Red atrás, incluso comenzaban a alterar mi corazón de la nada.
—Claro – le respondí, el despliegue de valentía inicial había logrado captar mi atención de cualquier manera.
Gire hacia Agust para pedirle unos minutos, pero ya era tarde mi mejor amigo era arrastrado por Lia hasta desaparecer en lo que parecía un pequeño pleito de enamorados, la relación de esos dos era muy divertida de ver, siempre juntos hablando como una pareja de casados.
—Y- yo bue-no— tartamudeaba mi compañera de ojos azules, parecía buscar palabras que escapaban sin piedad.
— ¿Podemos ir a un lugar más cómodo? – sonreí tratando de tranquilizarla, si esa era una oportunidad para conocerla un poco mejor, sería interesante.
—¡Si! – asintió de manera torpe caminado a mi lado.
Su andar me causo gracia, su mirada estaba baja y parecía discutir consigo misma, un tenue sonrojo en sus mejillas les daba un aire a esas chicas de películas, que van en busca de su primer amor, negué tratando de contener una pequeña risa, ya no se ni lo que pienso. Adara era adorable, si eso es adorable y verla así era como ver a un niño debatiendo si contarle a otro donde escondió los dulces.
Finalmente nos posicionamos en una banca alejada del resto, acomodándonos uno al lado del otro, acomodando mi cabello la miré expectante, su actitud me intrigaba mucho. Este lado del patio del colegio no tenía muchos visitantes a esta hora, si quería quejarse de algo o al fin decirme que le molestaba de mi persona, yo escucharía con gusto, no era como si Adara estuviese aquí para otra cosa, con las reacciones que siempre tiene hacia mi definitivamente declararme su amor como otras chicas, estaba muy lejos de la realidad. Esto solo sería otra cosa más, para distraerme, si esto además traía algún desahogo a la situación con Adara, serian dos pájaros de un tiro.
Presioné mis manos contra mi pantalón mientras veía a un punto fijo, listo para cualquier reproche, Nada.
Debido al silencio preste atención al cuerpo de Adara, quien, para mi sorpresa, de su bolso saco un paquete finamente envuelto en tela roja, con un pequeño listón n***o, su mirada no se apartaba de este, casi sentía que su vida dependía de ese paquete que desprendía un particular olor dulce.