Capítulo 3: Mucho gusto, Merody

798 Palabras
1 semana después. Elaboré un diagrama en mi agenda para organizarme mucho mejor. Ya tenia asegurada las flores (peonias, en honor a la primavera), las sillas y mesones apartados y a pesar de que faltaban tres meses para el gran día, había ya una gran cantidad de detalles listos. Como siempre que realizaba un trabajo, divagaba sobre mi boda inexistente La verdad no sabía si había algo en mi subconsciente que me hacía escoger siempre el mismo tipo de hombre: con pánico al matrimonio. Mi más reciente fracaso amoroso era de hace más de un año y corrió despavorido a refugiarse en otra cuando le mencioné, por encimita, la posibilidad de formar una familia con él. Menos mal y corrió. No quería estar con alguien así de cobarde. Suspiré y solté mi bolígrafo, que rodó hacia debajo de una mesa en la casa de los Bracamontes. Me agaché refunfuñando y me llevé un gran susto al encontrarme con una niña ahí abajo. Su grito de ¡boo! estuvo acompañado de unas risitas. —Hey, ¿qué haces ahí abajo, pequeña? —Le pregunté sintiendo a mi corazón latir de manera desenfrenada. —Intentaba asustarte —Su cara traviesa hacia contraste con su sonrisa. Tenía las mejillas sonrosadas e infladas. —Pues te lo confieso: lo has logrado —Sonreí de medio lado mientras nos levantábamos del suelo. — ¿Si? ¡Geniaal! —exclamó eufórica. Tenía mucho tiempo sin estar rodeada de la alegría que siempre traen consigo los niños. —¡Oye! —Traté de parecer enojada, pero la risita traviesa de la niña pudo conmigo y me doblegó, así que acabé riendo con ella. Ella era hermosa: largo cabello dorado y brillantes ojos verdes. Parecía una de esas princesas que aparecen en las caricaturas de Disney. Su cara no me era conocida y por eso decidí preguntarle: —¿Quién eres? —preguntamos al unísono. Ella ríe de nuevo y yo acaricio su suave cabello sin poder contenerme un minuto más. —Soy Ángela, ayudo a la señorita Clara con su boda —digo. —¿Tú sí pudiste ver el vestido de la tía Clara? Ella no me dejó verlo —Su tono de voz está acompañado con un poquito de tristeza. —Así que ella es tu tía —Asiente lentamente y me siento a su lado en el sofá donde anteriormente me encontraba escribiendo. —Y no estés triste. Yo tampoco lo he visto, tu tía quiere que sea una sorpresa para todos —. Le confieso en tono confidencial. —Guay. —susurra con los ojos brillantes de nuevo. —Si, muy guay, pero todavía no me has dicho tu nombre. —Merody Esmeralda Bracamonte —dice trabándose un poco—. Voy al segundo nivel del Kínder. —anuncia con orgullo y no puedo evitar reír de nuevo. —¡Qué bueno, Merody! Tus padres deben estar muy orgullosos de ti —Le digo con la mejor intención, pero sé por el gesto que hace, que me he equivocado. —Mira: él es mi papá. —musita y señala hacia unos de los ventanales de la mansión que da hacia el jardín y observo una espalda masculina. Que por cierto es una espalda ancha y atractiva que está envuelta en un elegante traje de color n***o y que... Oh por Dios. Pero si es... ¡Mateo Bracamonte! El famoso arquitecto. No puedo creerlo. En mi apartamento tenia pilas de revistas en donde su bonita cara era la portada. Él era algo así como un crush para todas, y no por ser atractivo solamente, sino porque era exitoso en su empresa de construcción y porque hasta donde todas las locas fan sabíamos, era soltero. Pero no sabia que había tenido una hija. Y eso lo hacia más inalcanzable todavía. No es como si él alguna vez hubiera sido alcanzable para mí, es decir, no estábamos al mismo nivel por mucho que la gente dijera que las clases sociales no importaban. Los hombres como él no se casaban con las chicas como yo: lo hacían con rubias, altas y con increíbles ojos verdes. Tal y como me imaginaba que era la madre de esta hermosa niña. —Así que tu papá es el señor Mateo —dijo después de aterrizar de mis pensamientos, pero sin apartar la vista del hombre en cuestión. Por su postura parecía que estaba ajeno a todo lo que le rodeaba. La boquita de Mer se abrió en un gesto de sorpresa. —¿Cómo sabes que ese es su nombre? ¿Ya sabes quién es? —Sí, es difícil no saber quién es él —respondí mirándola con una pequeña sonrisa—. Tu papi es muy bueno en su trabajo y muy reconocido por eso. Ella me devolvió la sonrisa, sus ojos brillando con admiración pura. —¡Es cierto! ¡Sus dibujos son hermosos! —exclamó. A continuación le echó un vistazo a la agenda sobre la mesa—. Tan lindos como tus dibujos de vestidos. Miré también mi propio trabajo sobre las hojas. Eran un desastre de anotaciones por los bordes del diagrama, ideas, pensamientos y bocetos. Me gustaba imaginar que a pesar de todo el caos, el resultado sería magia pura. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR