Mateo Cerré la puerta de mi apartamento con el pie mientras reacomodaba a Merody en mis brazos. Estaba casi dormida, pero eso no evitaba que siguiera hablando. —¿Iremos mañana de nuevo a donde los abuelos? —murmuró en mi cuello. —¿Por qué lo preguntas? —Fruncí el ceño y subí las escaleras. —Quiero ver de nuevo a Ángela. —respondió con sinceridad dejándome lelo unos segundos. —¿Tanto te agradó? —inquirí con curiosidad haciendo malabares para abrir la puerta de la habitación de Mer. —Sí. —contestó minutos antes de que el sueño la venciera y cayera rendida en la cama. La miro fijamente como cuando era una bebé y aflojo el nudo de mi corbata azul, para liberarme del sentimiento de que me ahorca. Me siento a su lado, teniendo cuidado para no despertarla, y acaricio su cabello tan

