19

2299 Palabras
* Aurora recargo el tanque hasta el tope de gasolina con los litros que trajo Fernando y el amable empleado de la gasolinera, ahora tenía suficiente para terminar el viaje con éxito. El empleado después de hacer una revisión de la mini camioneta se fue de nuevo a su puesto de trabajo dejando a la pareja allí. —Gracias.—Dijo Aurora. —No me agradezcas. Ahora tenemos que ir a donde están las tumbas. —Ella afirmo con la cabeza. —Y después iremos a la playa. —Intervino Michelle. —Calla, ahora no vamos a ninguna playa. —Repico Aurora reprimiendo a Michelle. Fernando parecía interesarle el viaje. —¿Playa?—pregunto Fernando. —Si es solo una idea tonta de ir a la playa de rio. —Bueno es que tampoco es que sea tonta, las playas de la capital son muy buenas. —El afirmo con rotundidad. —Si pero primero debemos llevarte a casa. —Si pero luego podemos ir juntos a la playa. Ya que queda cerca de mi casa. —Si.—Grito Michelle —Aun no me he decidido, así que no se emocionen. —Aurora sonrió con intriga sospechosa. —¡Ja! Fernando estaba bien, ahora quedaba a mano con la chica, ella lo salvo una vez, y el la rescato también, quedaban completamente parejos, Fernando el resto del viaje observo por la ventanilla, los bastos prados de grama, parecían un valle italiano por donde había recorrido en caballo algunos años antes, cuando no pensaba ni siquiera en conocer a ninguno de ellos. Sonrió con parsimonia viendo aquel hermoso paisaje mientras llegaban a la casa donde estaban las tumbas de la familia de Aurora, ya faltaba poco para volver a la ciudad. —Casi llegamos.—Alarmo Aurora. El terreno había cambiado, ahora los prados se convertían en leves colinas, con algo de altura, y una cabaña se veía a lo lejos. Llegando a una parte del camino, en la carretera se interpuso un portón grande, era la entrada a la cabaña. —Enseguida vuelvo.—Aurora bajo de carro y metió las llaves oxidadas en el viejo candado para abrir el vertiginoso y pesado portón, poco después lo abrió, volvió a subir al auto, y metió el carro para volver a cerrar el portón.—Ya llegamos. Aurora termino el viaje estacionándose en un patio amplio con muchos árboles alrededor. En un empotrado de piedra en el piso, con una fuente bellísima en el centro del patio, la casa era de dos plantas, abajo tenia algunos ventanales y un corredor ancho mientras que arriba era más reducido y solo habían algunas ventanas pequeñas. Era una vista bonita. —Esta es la casa Fernando. —Es linda. —Afirmo él. —¿Tú lo crees?—Volvió a afirmar— Bueno eres el primero que lo dice. O el primero que viene aquí en realidad. —¿No traes a tus amigos?—Fernando contemplaba la vista de la que se había convertido en una casa tan exótica. —Nunca la destruirían. —¡Ja! ¿Así de malo son? —Algo. —Aurora Hizo una leve pausa—. Michelle sube las cosas a los cuartos. —Si.—La pequeña hizo caso a lo que estaba diciendo. —Veo que la casa es espaciosa debes sentirte insegura cuando está sola aquí. —No para nada, aunque este sola, eso me hace sentir segura, nadie más viene aquí, es lo me emociona. No estar en contacto con tantos seres humanos, es como vaciar la tasa que está repleta de problemas y más problemas. Ven vamos a donde están las tumbas. —Enserio, ¿está bien que yo vaya? —Si claro. Enseguida ambos bajaron de la camioneta y Fernando siguió a Aurora por un sendero repletos de hojas de los arboles caídas al suelo por el cambio de temporada, así caminaron hasta pasar la casa por detrás y llegar a un pequeño campito, estaba debajo de la casa, ubicado a los pies de una colina, había que bajar un poco para poder acceder a él. —Aquí es—Señalo ella a un pequeña puertecilla de metal. —Oh sí que parece un sepulcro. Pero es lindo. Habían rocas y también algunas lapidas, el espacio entre cada lapida era de algunos dos metros de largo, y encima del pequeño cementerio que albergaba apenas a diez lapidas, había un árbol, que por efecto de la naturaleza había sido doblado por la mitad, haciendo que el troco quedara para un lado, y para el otro las ramas repletas de hojas para el otro. —Este lugar me parece familiar, en donde he visto antes algo así.—Musito Fernando muy bajito. —Bueno, aquí están las tumbas por parte de mi padre, todos los integrantes de su familia, están debajo de nuestros pies. —Si lo puedo ver. —Traeré la cerveza para vertirla en donde está la tumba de mi padre. —Bueno te esperare aquí. Fernando espero a que la chica regresara con la bebida, estaba claro que estaba completamente viendo lo más profundo de las chicas, era la parte en donde muchos no llegaban, pero dadas las condiciones estaba claro que la chica le tenía confianza, el empresario tampoco era insensible, el pequeño cementerio le había partido el corazón, no corrían las lágrimas porque no quería hacerlo, pero recordaba lo duro que era para alguien perder a un ser querido, aunque sabiendo que a el lo pudieran estar velando en su casa, pensando que todos lo daban por muerto, claro aunque no era el caso, pero sentía la llama de la desolación en su corazón, mas al ver aquel pequeño valle dela muerte. —Volví.—La chica fue muy rápido. Y pesco a Fernando sacudiendo el epitafio de algunas lapidas. La chica la verlo guardo silencio. —Oh lo siento solo me deje llevar. —No importa está bien. Traje la cerveza. —Ok, saldré del cementerio para que estés asolas con tu padre, estaré en la colina por si me necesitas, —Él se acercó a aurora y puso su mano en el hombro—Toma el tiempo que quieras nadie te está apurando.—Lo decía por el.— bien estaré por allá. —Bueno.—Fue lo único que Dijo Aurora. Fernando subió hasta la parte donde la colina estaba más próxima a la casa, desde allí se sentó en una piedra, a ver lo que hacía Aurora, pendiente de cualquier cosa que pasara. Vio como la chica vertió la cerveza sentada al frente de una de sus tumbas, mientras que parecía secarse algunas lágrimas que caían por su cachete, poco después se levantó y pareció que dijo algo, cerró la puerta del pequeño cementerio y subió hasta donde estaba el caminando paulatinamente. Así poco a poco se fue acercando a Fernando con aires de tristeza pero también de desahogo, la brisa hacia mover sus cabellos finos. Completamente los aires eran de melancolía. —Volvamos a casa.—Aurora musito sin quererlo. —Bueno.—Fernando escucho perfectamente mientras la seguía a casa. Más tarde entraron a casa, cuando lo hicieron cenaron un delicioso platillo que preparo aurora, más tarde quedaron dormidos. El día de mañana llego rápidamente, tanto que ni tiempo de despedirse de la casa, les dio, pero al cabo de las tres de la tarde, pusieron rumbo a la ciudad como había dicho aurora ahora solo faltaba entregar a Fernando en su casa, para que la aventura terminara. * Hernando perdía la esperanza cada vez que las autoridades los llamaban solo para decirle que siguiera esperando en casa, aunque la búsqueda estaba completamente avanzada las cosas no iban para nada alentadoras, era como buscar a un fantasma, o mejor dicho a un muerto, Kiny tampoco estaba bien, no salía de casa se la pasaba encerrada con Karina de su lado, pensando en que si no hubiera dado tantos rodeos, las cosas no se hubieran pasado de las manos, estuvieran el día de hoy comiendo en algún restaurante, es vez de velarlo cada noche, como recuerdo mortal. Todos se daban por vencidos. * —¡Vamos a la playa!—Michelle parecía contenta cuando Fernando le metió en la cabeza que podían ir a la playa, ya que quedaba muy cerca de su casa, cosa que en primera instancia Aurora negó con la cabeza, pero después de insistir algo, ella acepto. Ya habían pasado la reserva nacional donde se habían perdido, estaba más cerca de casa que nunca, pero antes de llegar quería hacer alguna que otra parada donde Daniel, el fotógrafo, para que se encargara de la carrera de Aurora, aunque no se lo había dicho, solo le dijo que lo llevara y nada más. No importo mucho, porque Aurora le hizo un completo caso, no se negó en ayudarlo aunque ya estuvieran en las últimas horas que le quedaban juntos. Fernando también tenía que cambiarse para las conferencias, seguramente iba a dar a la prensa mucha caña después de que supieran que estaba vivo. Entonces antes de entrar a la ciudad del distrito tres, Aurora le confeso que no era un fotógrafo, sino Fernando de Aguilera, un empresario muy reconocido. Michelle en ese mismo instante flipo, mientras que aurora estaba completamente en shock. Finalmente Fernando agradeció con algo de parsimonia y poco después le dijo que quería que tuviera un mejor futuro tanto para ella como para Michelle, y le ofreció la ayuda para entrar a una de las mejores universidades del país. Además una beca e indemnización para que Michelle estudiara también. Aurora no lo podía creer, aquella declaración le había sorprendido hasta la medula ósea. Fernando rogo que no se fuera a sorprender mucho, e inmediatamente puso rumbo a la casa del empresario. Fernando entro por la puerta principal del edificio, su vestimenta era de lo más deplorable, parecía un mendigo que buscaba alguna limosna. Cuando el portero lo vio, inmediatamente reconoció el semblante fundido de Fernando de Aguilera, y casi pega un brinco de espanto. Fernando pasó rápidamente a la puerta del elevador. —Don Fernando. Está vivo.—Dijo el portero siguiéndolo de antemano. —Claro que estoy vivo. —Pero… —Dame mis llaves tengo que cambiarme. —Pero está vivo.—El portero parecía sorprendido. —Si Félix estoy vivo ves no es una ilusión, dame las llaves. El buen hombre busco entre las llaves aquella que era la del apartamento del empresario, cuando se la dio, Fernando inmediatamente empezó a subir escaleras corriendo a como sus piernas lo permitían. Félix el buen portero que desde hace años, por primera vez en su larga carrera como portero, nunca pensó que las cosas se le fuera de las manos. Inmediatamente llamo a la policía. Fernando corrió inmediatamente a la casa, cuando entro casi tiraba la puerta y fue al cuarto, se cambió de ropa, fue lo único en que pudo pensar era en Kiny, bajo rápidamente de nuevo al lobby y dejo las llaves a Félix. En el carro esperaban Michelle y Aurora, se subió, la joven de cabello fino, miro la nueva vestimenta del empresario. Una camiseta de cuello y unos jeans de marca, con unas botas deportivas. —Te ves bien. —Gracias, ahora vamos al distrito Tres. —¡Playa! —Cállate Michelle.—Fernando y Aurora Rieron con parsimonia. Aurora puso la cuarta marcha de golpe y puso rumbo a la dirección en donde Fernando decía. Con rapidez ambas chicas se pararon enfrente de un Bar, gentilmente Aurora frunció el ceño. No tenía tampoco porque preguntar en esa dirección, ni las dudas que dejaba ese bar, pero allí lo llevo como parte del trato. Fernando al ver el bar, se le lleno el corazón de alegría, tanto que abrazo a Aurora agradeciéndole todo. —Ya vengo, espérame aquí. —Aurora afirmo con la cabeza. * Kiny estaba limpiando un poco el bar, quería distraerse de las demandas en su cerebro, aquellos pensamientos involuntarios que le recordaban a Fernando, Lily hizo todo lo posible, con Karina para que ella dejara aquella excelencia de encierro. Hoy lo habían logrado, después de tres días de la noticia, tal vez ya estaba mejor. Ella barría paulatinamente la pequeña hojarasca en la puerta central, por donde pasaban los señores cuando había fiesta, lentamente barría entretenida mirando al piso, hasta que una sombra, se interpuso a la luz, y unas botas deportivas se pusieron enfrente de sus zapatos. —Aun el bar no ha abierto. —Dijo sin mirar arriba. —No estoy aquí por una copa. —Kiny al escuchar esa voz soltó la escoba. Quedo paralizada. Mientras lentamente miraba al hombre. —Fer… Fer…—Ella temblaba no creía que era él. Pensaba que era su imaginación jugándole una broma.—Fernando. No. Es mentira. Fernando capto que la chica estaba en un colapso nervioso, que estaba en shock. Claro lo daban por muerto en la ciudad, Kiny aun parecía estar inmóvil, y no podía procesar lo que veía, Fernando sin más remedio se lanzó a ella, y la beso apasionadamente. Hasta que ella cerro los ojos y recupero la conciencia y calma. —Ves que soy yo. —Dijo separándose de ella. —Lo sé—Kiny soltó una lagrima—. Pensé que estabas… —No lo estoy. Eso es lo que vale. Bésame de nuevo… El empresario volvió a hundir sus labios en los de la chica, sabiendo que tenía que quitar todo aquel dolor que estaba en su corazón desde que lo habían dado por muerto. Lily enseguida al escuchar hablar a alguien salió de la cocina con la chica de la limpieza, y cuando vio a Fernando se persigno lanzando una oración al cielo.
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