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2775 Palabras
Por el éxito progresivo de Hernando en la constructora, Fernando decidió hacer una fiesta en honor a su amigo. El esfuerzo que había puesto en la constructora era completamente abrumador. Las cosas se ponían mejores, las chicas habían aceptado ir, poco después que Fernando las invitara a todas, no le importó para nada a Fer, hacer un estruendo en la casa de la señora Lily, para complementar también invito a todos los empleados de la oficina, ellos al escuchar la noticias alabaron a su jefe en ovaciones unánimes, aplaudiendo y en ocasiones gritando, aunque Fernando no le gusto que hicieran tanto escándalo por una fiesta, y volvió a la oficina musitando entre dientes.> Fernando sintió un sentimiento extraño mientras estaba en su silla giratoria, un sentimiento con desdén, un sentimiento yerto. Ulterior a todas las escenas anteriores a su vida, era como si en su pecho se formara un hueco, pronto lo tele transportara a otro espacio tiempo y se lo llevara lo más lejos que podía, todo esto lo causaba Kiny. Aunque quiera creer que solo era un capricho, para el empresario la chica modelo se había convertido en oxígeno, para sus pulmones. No quería propugnar las idea de un matrimonio aun, parecía que era una cosa exagerada, pero si tenía esa idea de convertirse en la pareja de Kiny, claro si ella lo aceptaba, no debía poner las cartas sobre la mesa antes de tiempo, pero era muy posible que la chica lo hiciera. Podía atisbar aquel futuro para cuando llegara a viejo con ella, aunque las cosas en el camino fueran borrosas como la niebla, aunque decidió no darle tanta cabeza al rollo, mejor pensó en valorar cada día que Dios le regalara con la linda muchacha de allí para adelante, los besos, carias y buenos momentos que pasaran juntos, la felicidad que proporcionaría su alma, y las múltiples peleas por culpa de los celos o paranoias. Cosas de la vida que terminarían adornando una sutil exigencia de amor. Banal ante los ojos de los demás sobrantes en la relación, pero tampoco lo daba por absurdo era una necesidad de cuerpo y del alma. Que era irremovible y no tenía vicario. Así poco a poco se acordó que la fiesta iba a comenzar en unas horas, fue directamente a la casa sin retardos y se puso lo mejor que encontró, aunque no sería ropa elegante. Ya eran las ocho de la noche la fiesta ya iba a empezar. Kiny recordó a Fernando de que la fiesta seria a las ocho sin mencionar que debía estar puntual allí para que la señora Lily no tuviera que recibir a los invitados, que iban a ser muchos. Tantos como un ejército. El ambiente era véspero. Y con su deportivo Fernando como un bizarro corto la carretera con altas velocidades, poco después llego al bar con buen tiempo. Enseguida el impertérrito clavo el auto con los frenos justamente delante del bar y se bajó con apresuro, en la puerta estaban Kiny y Lily esperándole. —Vaya te puedes tardas mas.—Refuto Kiny algo molesta, poniendo sus manos en la cintura. —Disculpa.—Se lomito a verborrea. —Bueno ala empecemos que hay mucha gente. —Hola señora Lily. Muchas gracias por prestarme sus servicios del establecimiento. —No hay de que, me halaga que un empresario venga con sus empleados a mi bar, eso me hace publicidad. —Pretendes sonsacar a las señora Lily.—Volvió a interceder Kiny. —No como dices. Estas exagerando. —Calma muchachos dejen de pelear y ahora ocúpense de la fiesta. AL entrar vieron a la mayoría de empleados de la oficina, además a Hernando y a Lorena y a Alejandra sentadas en la barra bebiendo sin limitaciones. —¿Entonces invitaste a alguien?—Pregunto Fer. —Solo a Karina y a Raúl nadie más. —Bueno. Pero antes de que empiece, quiero decirte que debemos de hablar algo muy importante, pero creo que no es el momento. Sería muy prolijo para una celebración. Tampoco quiero sonar parco, pero creo que tenemos un asunto muy importante del cual hablar desde que llegamos de Alaska. —Kiny pensó divagada en las palabras de Fernando—. Pero anímate, después de la fiesta hablaremos.—Inmediatamente Fernando hizo una caricia en la mejilla de Kiny y se fue alejando de ella poco a poco hasta llegar a dar con Hernando. La fiesta fue completamente una celebración tranquila y amena, nadie hizo el ridículo, Fernando pasó la noche con Kiny aunque por momentos se paraban para hacer otras cosas, aunque los sentimientos entre el alcohol y la música eran homogéneos. Hernando también se procuraba de encontrar a una chica linda, para su suerte la encontró al otro lado de la barra, allí estaba Karina con Raúl tomando una copa. Sin temor a nada Hernando vacilo entre las demás personas que se le interponía y poco después llego a la barra con esfuerzo. —Hola.—Karina parecía que no escuchaba así que Hernando volvió a hablar más alto—Hola.—Ella reacciono, gracias a una señal que le hizo Raúl. —Hola.—Lo miro de pies a cabeza. —¿Vienes sola? —No. Con una amiga.—Dijo sagaz. —Ah, ¿Una copa? —Hmmm puede ser. Inmediatamente Hernando mando al encargado de la barra a traer una copa. —¿Cómo te llamas? —Karina. —Bonito nombre. —Gracias. —Nunca te he visto en la oficina trabajas con nosotros.—La algarabía no dejaba escuchar nada a Karina. —No. —Entonces eres una conocida de alguien. —Escrutaba Hernando con una ceja arriba de la otra. —Sí. De Kiny —Respondió Karina. —¿ Eres modelo también?—Hernando se sorprendió con desmán. —No… Pues he hecho varias audiciones y pues no he calificado. —Pues se equivocan en no aceptarte. Por cierto no me he presentado, Soy Hernando Vicepresidente de la empresa y mejor a migo de Fernando alias Cap. —Oh que interesante. —Si.—Enseguida el camarero trajo las copas y siguieron hablando en la barra. Aunque Raúl presentaba ludibrio ante los hombres que venían de esa empresa, pese a que le quitaban todas las mujeres de su alrededor. Ya estaba cansado y pensó en irse de a casa, estaba completamente frustrado indemne de ordenes algunas o de críticas, más cuando casa chica con la que había venido estaba concentradísima en sus hombres, puso rumbo a la salida mirando al suelo lleno de indignación. Dolor, asco sentía todo eso en altas cantidades en su cabeza, tanto que paro un momento para recuperar el aliento, y poco después volvió a caminar hasta tropezar con la bella chica. —Oye cuidado.— Rápidamente el miro a la chica y quedo vislumbrado por su cabellera clara. —Perdón. No mire, discúlpame de verdad no fue intencional. —Bueno está bien no tienes la culpa.—Dijo ella poniendo una de sus dulces sonrisas. —Bueno me voy.—Dijo Raúl sin ánimos. —¿Que si la fiesta acaba de empezar?—Exclamo Alejandra. Ella inmediatamente se dio cuenta del dolor que cargaba el chico en los ojos, mientras que solo veía lo mal vestido que estaba tal vez por la misma razón, unos jeans muy desajustados que hacían que su vota cayera al piso sin dilaciones, un suéter que le quedaba al cuerpo y debajo del suéter completamente nada. Además de un peinado horrible. Alejandra sintió compasión. —No te vayas. Quédate aquí con nosotras. —Señalo al resto. Raúl pensó que era una mala idea, las chicas estaban vestidas como todas unas modelos y el solo como un vagabundo cosa que no podía enmendar a menos que volviera a casa, pero como de costumbre los pensamientos endemoniados hacían que su cabeza solo fuera una brecha de sentimientos en mezcolanza pudiera ser que se estaba haciendo daño el mismo, pero tampoco demostraba que lo hacía. No dijo ni una palabra estático quedo viendo la belleza de la chica mientras respondía. Y aunque fuese una mala idea… —Bueno está bien. Si quieres te traigo una copa soy Raúl… —Yo soy Alejandra, y ella es… Fernando bailaba feliz con Kiny, aunque los besos tampoco faltaron. Karina y Hernando parecían compaginar completamente en cada conversa, y Raúl bailaba bien, cosa que asombro a Alejandra. El domingo llegaba con antelación, Fernando había prometido que ese día iría a pescar con Hernando en las afueras como revancha a la paliza que le dieron días antes de la fiesta en aquellas profundas aguas. Como dicterio de ambos hombres nunca se irían de las afueras de la ciudad hasta pescar una buena presa, muy buena a ninguno de los dos le gustaba el pescado pero si le gustaba el éxito, cosa que tenían en común y se gastaban bromas de los errores que cometían cada uno. Aunque siempre en su sano juicio. Fernando le daba pequeños golpes al tablero del carro pensando que tal vez habría una tormenta. —Tranquilo no caerá.—Dijo Fernando relajado en su Smartphone. Fernando miro de reojo con algo de intriga. —Espero que no. —No tranquilo no lloverá. Además los guardabosques no han dicho nada al respecto. —El rio es peligroso. —Sí. Pero ten fe, no caerá. —Bueno. Fernando mientras conducía se dio cuenta que Hernando estaba muy al pendiente del celular, cosa que en los últimos días no era tan excesivo como lo hacía hoy. —Oye Hernando, ¿ha pasado algo en especial? —No la constructora está bien y la empresa también. —No digo acerca de la constructora. —¿Entonces? —¿Con quién te escribes? —Oh con Karina la amiga de Kiny. —La chica de pelo n***o. —Si exactamente la conocí en la fiesta y te aseguro que es una mujer muy bella y que vale la pena. —Ala, así que eso era todo.—Fernando se echó a reír. —¿Que pensabas que era? —No nada, pero dime, ¿te enamoraste a primera vista o qué? —No es chistoso.—Corto con desprecio el juego. —Vale, no te pongas molesto, era solo una broma. —Ok. —¿Empacaste todo el equipo necesario verdad?—Hernando pensó por un momento pensando en todo lo que había metido en la cajuela del auto. —Creo que solo me falto tu sombrero favorito. —¿Qué?—Era el sombrero que Fernando utilizaba cada día que salía de pesca, pues para él, era como un tótem que le daba buena suerte. —Es una broma tranquilo aquí esta.—Hernando estiro su brazo hasta la parte de atrás del asiento del conductor y mostro el pequeño sombrero. —Menos mal.—Musito Fernando. Hernando rio un poco al ver lo que hacía una simple mentirilla a Fernando. Tardaron unos pocos minutos más en llegar a las afueras de la ciudad, las nubes estaban grises completamente como si una tormenta se avecinara, incluso el viento era más fuerte que la última vez que habían venido. Fernando sintió un sentimiento extraño en el pecho, muy extraño, más como un presentimiento. —¿Sera seguro?—Fernando aun no había bajado del auto. —Si claro que sí. Vamos.—Hernando se bajó rápidamente con buenos ánimos y busco todo el equipo.—Claro que ahora vamos a hacer la mejor pesca que hemos tenido, esos peces no se nos van a escapar hoy.—Fernando se bajó del carro pusilánime con el viento que venia del norte, que esperaba que no fuera un mensajero de la desgracia.—Vamos.—Hernando cogió las cosas y fue en busca de la canoa de siempre para introducirse un poco al rio. Hernando preparo completamente todo, la canoa vacilaba entre las pequeñas olas del rio que acariciaba las botas de Hernando. De un salto este se subió a la canoa. Fernando miro indeciso si embarcarse o no. Un malestar en el estómago le entro desapercibido. —Vamos Cap. ¿Qué pasa?—Enseguida Fernando sacudió la cabeza. —Vamos. —Y entro a la pequeña embarcación. Hernando fue remando con paulatinamente hasta ponerse en la mitad del rio y tirar un ancla un tanto pequeña para no irse rio abajo con la corriente. Enseguida armaron el equipamiento para pescar y lanzaron el anzuelo sin dilaciones. Como era de costumbre contarse cosas estando allí en medio de un rio, donde poca gente —Por no decir ninguna—Iban siempre hacían confidencia acerca de la vida. Fernando empezó. —Sabes Hernando—Hernando gesticulo en algo parecido a un gruñido— Creo que Kiny si es la correcta. Quiero sentar cabeza. —¿Como así Cap.? —Digo… —Fernando paro de hablar—. Digo… Ya sabes, nunca pensé en decir estas palabras. Quiero casarme con Kiny. —¿!Qué!? —Hernando se levantó tan bruscamente que la canoa se meneo con violencia intentando voltearse. —Cálmate.—Grito Fernando—Nos vas a hundir. Haciendo caso a las palabras de su jefe Hernando se quedó quieto, la canoa termino de menearse. —Cuéntame Cap. —Digo que quiero sentar cabeza, más cuando las cosas están así con ella, pienso que es la indicada. ¿Me entiendes de lo que hablo? —El peso de tus palabras me lo dice. Sientes Amor. —Exacto para que negarlo, estoy peor que un adolescente con ella, y me he contenido porque soy un adulto y se hacerlo, pero siempre me dan unas ganas de pegarla contra la pared y hacerla mía como a ninguna otra. —Te entiendo.—Afirmo el vicepresidente con exasperación— Me pasa igual con Karina. Parece que estas mujeres nos la ha traído la providencia. —Entonces que dices amigo una vez más, ¿le echamos ganas o qué? —Claro que sí, Cap. Iría a la guerra contigo y la ganaríamos juntos, somos el equipo perfecto.—Haciendo un choque de palmas ambos se pusieron en pie en la canoa como niños entusiasmados por nueva atracción. —¿Entonces que es lo primero que hacemos Cap.? —Fácil. —Decláranos. —¿A secas? —Sí. —Mejor corramos por esa vía. Después depende de lo que pase, tomaremos medidas. —Si… sigamos pescando. Ambos volvieron a la pesca, con ánimos reconfortados, aunque no pescaban nada seguían con una sonrisa en la cara así por tres horas. El clima había cambiado de repente y lo que antes era una bonita tarde fresca, ahora era una tempestad con vientos huracanados. El guardabosque puso una bandera roja en el centro de observación, era la señal para que todos regresaran a la estación donde estarían seguros. Hernando al ver la bandera obviamente empezó a remar, la corriente se había vuelto más pesada que antes, y las pequeñas olas que encallaban en el puerto de fantasía, donde siempre estaban las canoas, se habían convertido en masas de agua que superaban el medio metro de altura, combinada con una fuerte atracción a los rápidos. Hernando hacia todo el esfuerzo para sacar adelante la pequeña embarcación, el guardabosque estaba al pendiente de la canoa, pero también tenía otros trabajos, como ciudad al resto de turistas, Fernando solo cuidaba el equipamiento ya que no habían otro par de remos, adyacente al trabajo Fernando estaba atento a las tempestad vigilando cualquier imprevisto que Hernando no pudiera ver. El caudal del rio se había convertido en un rabioso rayo de desgracia. Hernando siguió remando con valentía para ver si podían llegar a la orilla, pero una corriente hizo que la canoa se inclinara hacia la izquierda poco después la misma perdió el equilibrio que la mantenía en el agua y se hundió. Todo fue tan rápido que Fernando solo se dio cuenta que estaba en el agua, Hernando estaba buscándolo con gritos, Fernando no podía hablar, mientras sentía que el agua entraba en su cuerpo y lo llenaba por dentro. La respiración se sentía pesada, no podía mover su cuerpo, el agua lo aturdía no escuc}haba nada, tampoco veía. Desesperado trato de nadar, pero se enredó con el hilo de la caña, haciendo que sus pies quedaran completamente inmóviles. El guardabosque había logrado sacar a Hernando del agua, y se lanzó con valentía a los rápidos para ver si podía salvar a Fernando, pero fue un esfuerzo en vano, los rápidos hicieron que el cuerpo de Fernando desapareciera como una hoja a la deriva del viento. Hernando quedo sumido en la desesperación.
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