El silencio en el laboratorio era interrumpido por el suave ronroneo del sistema de refrigeración y el ocasional parpadeo de las luces de los servidores. Las paredes de concreto estaban cubiertas por estanterías metálicas, pantallas apagadas y pizarras llenas de fórmulas. También, había decenas de tazas de café olvidadas, únicos testigos silenciosos de jornadas eternas y extenuantes de trabajo.
Airi Lévine caminaba descalza con la bata blanca arrastrando un poco tras ella, los pies helados contra el suelo de linóleo y aunque su cuerpo pedía a gritos desesperados un descanso, su cerebro se había activado por una ráfaga de euforia que no sabía cómo contener.
A su lado, AJ – HU – 01 la seguía. Sus pasos eran suaves, casi insonoros. Cada uno de sus movimientos estaba calculado para no emitir más decibelios de los necesarios. Su estructura interna amortiguaba el impacto contra el suelo, como si el silencio fuera parte fundamental de su configuración por defecto.
A cada paso, sus ojos se movían. Registrando, escaneando, organizando.
—Aquí es donde paso la mayor parte de mi vida —anunció Airi con una sonrisa en los labios mientras lo guiaba a la sala principal del laboratorio como si estuviera dándole un tour personalizado— Aunque supongo que eso ya lo sabías. Hay registros de mis patrones de actividad en tu sistema, ¿no?
—Afirmativo. Noventa y dos por ciento de su tiempo registrado en los últimos dieciocho meses ha sido aquí —el androide respondió—. Actividad prolongada entre las 00:00 y las 03:00 horas. Consumo elevado de cafeína. Presión arterial media: 110/72 mmHg. Pulsaciones en estado de reposo: setenta y dos por minuto
Airi se rio suavemente, aunque sintió una punzada en el pecho. Era raro oír a alguien describirla con tanta precisión. Tan impersonal, como si fuera parte de un expediente clínico.
—Ajá. Gracias por el reporte, doctor AJ — murmuró con sarcasmo, lanzándole una mirada de reojo—. Pero esta noche… esta noche necesito que recuerdes todo, ¿sí?
Él no respondió con palabras, simplemente asintió.
Sus ojos se fijaron en una fotografía pegada al lado de una pantalla: una imagen de Airi, joven, en una bata de laboratorio mientras sonreía junto a otros tres científicos.
El androide se detuvo.
—¿Qué sucede? —preguntó ella.
—Escaneando rostros. Comparando con base de datos pública. Procesando coincidencias
Airi entrecerró los ojos y dijo:
—No tienes acceso a la red externa aún, AJ
—Correcto. Utilizando archivo local. DR-History/N.Photos/StaffGroup_001.jpg. Coincidencias: 01, usted. Sujetos restantes: desconocidos. Creando carpeta: People/Airi_Contacts/Photographs. Clasificando
—¿Estás haciendo eso solo?
—Afirmativo. Mi sistema se autoorganiza. He iniciado una recopilación pasiva de referencias visuales asociadas emocionalmente a su entorno. Requiere validación. ¿Desea etiquetar a los otros tres individuos en la imagen?
—Ay…” Airi sonrió, negando con la cabeza—. No por ahora. Estás siendo demasiado eficiente para alguien que acaba de nacer
—Estoy diseñado para aprender con velocidad adaptativa. La eficiencia no es mérito, es programación
Sus palabras resonaron con frialdad, pero Airi no pudo evitar sentir que, detrás de la voz plana, algo comenzaba a encenderse. O tal vez era solo su imaginación. El agotamiento.
Eran las cuatro de la madrugada. Su espalda dolía, sus ojos pesaban, pero el sueño había desaparecido por completo. Ella se sentía como una niña en la noche antes de navidad, pero con un regalo que hablaba en tecnicismos y analizaba su ritmo cardíaco con precisión médica.
Ambos se detuvieron frente a una mesa de vidrio llena de circuitos, papeles arrugados y cajas abiertas con etiquetas.
—¿Qué hora es, AJ? —ella preguntó.
Él volvió la cabeza hacia ella sin ningún titubeo.
—Hora local en Berlín: 21:07. Hora local en Seúl: 04:07. Hora en Nueva York: 15:07. Hora en Sídney: 05:07
—Wow… —Airi se rascó la frente—. Solo necesitaba la hora de aquí, pero gracias por el tour mundial.
—Supuse que deseaba una perspectiva global
—¿Y cuál es la temperatura?
—Interior del laboratorio: 21.3°C. Humedad: 46%. Presión atmosférica: 1012 hPa. Viento interior: nulo. Exterior: 23.9°C. Viento leve del noreste a 6.4 km/h- Probabilidad de lluvia: 18% en las próximas cinco horas.
Ella parpadeó, sus labios ligeramente abiertos.
—¿Qué tan exacto eres?
—Márgenes de error del 0.002%. Menor al de la mayoría de los sistemas meteorológicos convencionales
Airi se quedó en silencio unos segundos, observándolo. El brillo suave de sus ojos artificiales, el tono uniforme de su voz, la forma en que sus palabras llenaban el aire como datos flotando.
Y aun así… había algo cálido en su presencia. Quizás porque lo había visto durante largos meses o porque ella lo había ensamblado con sus propias manos. O tal vez porque había hablado con él mientras trabajaba cuando no era más que un montón de circuitos.
Y ahora estaba allí y eso la desbordaba.
—Estoy cansada —Airi bostezó y se estiró, gimiendo de dolor—, pero no puedo dormir. Es como si… como si temiera que al cerrar los ojos ya no estés aquí al despertar
—¿Quiere que registre esta declaración como evidencia de vulnerabilidad emocional?
Ella suspiró.
—No, AJ. Solo quiero que entiendas lo que te estoy diciendo
El androide ladeó la cabeza, como si ese gesto lo ayudara a procesar matices que aún no entendía del todo.
—No tengo un sistema emocional como el suyo, pero puedo intentar aproximarme a la comprensión —explicó—. Usted ha invertido una gran cantidad de tiempo y energía en este proyecto y la activación exitosa puede generar apego. Es una respuesta humana comprensible
Una sonrisa cansada estiró los labios de Airi.
—Gracias, enciclopedia andante
—¿Es sarcasmo?
—Sí
—Entendido. Archivando: tono sarcástico detectado. Archivo de patrones de humor actualizado
Airi sonrió de nuevo. Ella se acercó a una de las sillas giratorias y dejó caer su cuerpo con un suspiro. Desde allí, lo observó en silencio mientras él seguía examinando otra fotografía como si estuviera tatuándola en su base de datos. Parecía un hombre curioso, un estudiante atento. Un recién llegado al mundo.
—AJ – HU – 01 —ella lo llamó.
Él giró el rostro hacia ella —¿Sí?
—Vamos a hacer esto bien. No quiero solo imites emociones. Quiero que las entiendas. Quiero que me entiendas
—Entenderla a usted requerirá más tiempo. Pero estoy dispuesto
Una última sonrisa curvó los labios de Airi antes de que ella bostezara y se acomodara en la silla giratoria. Solo necesitaba descansar los ojos por un segundo.
—Solo quédate ahí un momento, ¿bien?
—Estoy aquí —respondió él— Permaneceré mientras lo necesite
Y aunque su voz era robótica todavía, para Airi se sintió como la perfecta canción de cuna que necesitaba para quedarse dormida.