Capítulo 5: Estaremos solos en casa.

1999 Palabras
Narra Bárbara Las personas de aquel club me resultaban horribles, todo el día hablaban de cosas que no tenían sentido para mí. No sé por qué acepté que mi madre me diera esa membresía, mejor me hubiese quedado en casa en los espacios libres para hacer mis quehaceres. —Oye, armaremos nuevos equipos para el tenis, ¿ya tienes pareja? —pregunta un chico al que he visto con los demás. —No, no tengo. —Bien, entonces ¿crees que puedas ser mi pareja? —Escucha, no sé jugar tenis, ni golf, no soy buena para los deportes; no creo que sea la mejor compañera. —¿De verdad? El chico se sienta a mi lado deja su raqueta en su regazo. —No miento, si no juego con ustedes no es porque no quiera, en realidad no sé. —La señora Dupont es excelente en casi todos los deportes, como eres su hija se asume que eres igual de buena, incluso mejor. —Mi madre y yo somos completamente diferentes; así… busca a alguien más. Me iba a poner de pie para ir a otro lado, debo esperar una hora más hasta que alguien venga a buscarme. —Espera, ¿y si te enseño? Miré al chico y no estaba segura de si quería integrarme con ellos, no me gusta la manera en la que me mira, además; sé que murmuran cosas cuando no estoy, me doy cuenta. —Espera, creo que no nos han presentado, soy Liam Murphy. El chico limpia su mano en su ropa y la extiende hacia mí. —Bárbara, mi nombre es Bárbara. —Oye, quizás seas de pocos amigos, pero date la oportunidad de conocernos; en realidad somos agradables, no te aísles cuando llegues, puede sentarte con nosotros sin problema. Miré atrás de él al grupo de jóvenes y tuve el impulso de ir, pero siento que de algún modo mi madre me ha sembrado inseguridades; siempre que vengo aquí me siento de esa manera y la verdad no me gusta. —En una próxima oportunidad, ya debo irme. Él asiente y sonríe, no insiste más. Llegué a la mansión de mi madre y por lo visto ella no ha regresado a casa, no sé si está en el club o en su trabajo. —Señorita Bárbara, ya está aquí, ¿Qué tal su día? —Horrible —le respondí a la ama de llaves. —Oh, veo que le ha costado adaptarse, pero no se preocupe, con el paso de los días le gustará la ciudad. Mi madre no se ha tomado el espacio de hacer un plan para “acercarnos” un poco más, según mi padre ese era el propósito de este viaje. La señora Gloria me sigue hasta la cocina y se adelanta para servirme un vaso de zumo de limón. —Su padre envió un mensaje por la mañana, quería saber si estabas bien. —¿De verdad? Creo que a mí no me ha llamado. Miré mi móvil y corroboré que no estaba ningún mensaje de él. —Sí, apenas se fue al club lo hizo, parece que la extraña mucho. Ella me muestra su móvil y veo muchos mensajes de mi padre, conversaciones de hace mucho tiempo. Junté mis cejas algo confundida, yo pensaba que… —¿A este número se han contactado con él desde siempre? —Sí, así es. —Pensé que la persona que le escribía para saber de mí, era mi madre —susurré. Papá lleva años pensando que la persona que le escribe preguntando por todo lo que tiene que ver conmigo, es mi mamá, pero no es así; es la ama de llaves. —Sí, pero ya sabe que su madre es una mujer muy ocupada, así que le ayudo en lo que más puedo. Todas las mañanas la ponía al día con todo lo que tiene que ver contigo. También anoto por aquí algunas cosas, ya sabes que la edad puede hacer que olvide algo y no puedo permitirlo. Ella saca una agenda en la cual tiene anotado algunas fechas; mi cumpleaños, la fecha en la que debe enviar el dinero a la universidad para mi semestre… fechas que simplemente ella no puede recordar si esta mujer no se las dice. —Sí, ella siempre está muy ocupada —respondí forzando una sonrisa. Para hacer otras cosas tiene tiempo y memoria, pero ya veo cuáles son sus prioridades. Se escucha la puerta principal y luego algunas voces, parece que alguien ha llegado a casa con mi madre. Crucé la cocina para llegar al jardín por otro camino, caminé hasta la piscina y a lo lejos vi a Alexander, parece que ha estado nadando por un largo rato, se ve agitado. —¡Oh, estás aquí! En la mañana no te vi. —Tenía que ir al club. —Respondes con poco ánimo, ¿no te gusta? —No conozco a nadie y creo que no le agrado a los demás. —Puede ser difícil, pero con el paso de los días puedes hacer amigos. —¿Desde cuándo vas a ese club? —Antes con más frecuencia, hace unos años viví aquí en Miami y mi familia tenía membresía en ese lugar. Digamos que estoy retomando. —Vaya, pensé que solo venías Miami cuando querías vacacionar. —He vivido en muchos lugares… Me acerqué un poco más y me senté debajo de una de las sombrillas, intentaba no mirarlo, pero es difícil. Tiene una espalda muy ancha, su lomo es parecido al de un caballo por lo grande que se ve. —Vaya, eso es genial. —Sí, creo que eso me ayudó a poder abrirme más a las personas, antes era como tú; muy selectivo. —No soy selectiva, solo que no conozco a casi nadie y me ha costado mezclarme con personas tan… tan diferentes a mí. Aún no sé por qué no les caigo bien —comenté haciendo un gesto con mi boca. —Claro que lo sabes, lo sé. Pero está bien no querer pertenecer a un circulo donde no te sientes cómoda, quizás notas que estos jóvenes no van en la misma sintonía que tú y es válido; no te preocupes. Mis ojos brillaron al escucharlo. —¡Barby! ¡Alguien ha visto a Barby! —escuché los gritos de mi madre. —Creo que debo irme —dije levantándome rápidamente y corriendo al interior de la casa. Escuchaba algunas voces, pero estas se iban alejando. —¿Qué sucede? —Acabo de hablar con la madre de Daisy y me dijo que… ¿Por qué no quieres integrarte con los demás? ¿acaso sabes cuánto cuesta tu membresía en el club? —No te pedí que la compraras, yo no quería ir. Antes de hacerlo, debiste preguntarme. —Veo que no has cambiado nada, es que no entiendo ¿Qué es lo que ha hecho tu padre? Es como si hubiese formado a un pequeño ser frágil que no es capaz de salir al mundo. Quien no te conoce pensará que vienes del pueblo más refundido, deja de comportarte con tanta apatía al resto. ¿Sabes quiénes son los padres de esos jóvenes? Que mencionara a mi padre no me gusta para nada. —No y tampoco me interesa saberlo… ¿sabes qué? no quiero discutir —fue todo lo que dije. —No estamos discutiendo, solo quiero hacerte abrir los ojos para que entiendas, que, si estás en ese club, no es solo porque sí; en ese tipo de lugares se hace contactos, amigos, etc. Solo quiero que empieces a introducirte en un buen núcleo social. Tienes que empezar a socializarte con otro tipo de personas. —Pues no me interesa ser amiga de una bola de agrandados que lo único de lo que hablan es de se*o y fiestas. —¡Son jóvenes! ¿De qué otra cosa hablan los jóvenes? Te ves aburrida y amargada todo el tiempo. Además ¿Qué es esa ropa Barby? ¿acaso no tienes más en el closet? —¿Qué hay de malo con esto? Tenía unos jeans, una camiseta y tenis, no veía nada malo en mi ropa. —No es de marca, esos zapatos son una aberración y esa camiseta se come tus curvas. ¿Por qué no usas la ropa que pedí para ti? Tienes el closet repleto de ropa de diseñador y te enfrascas en usar los mismos trapos. —Sí te avergüenza como veo, entonces retira esa dichosa membresía y déjame aquí. O mejor, dame el dinero para volver a casa de mi padre, allá no se queja de lo que soy. Me di la vuelta para dejarla hablando sola, no iba a terminar de dañar mi día. Cuando iba en dirección a las escaleras, vi a Alexander de pie en un lado, creo que ha escuchado todo. Me miré al espejo y no veía el problema, ¿Qué hay de mal en mí? —Señorita ¿puedo pasar? —Adelante —respondí alejándome en dirección a la ventana. —Su madre me pidió recoger su… su ropa, la que trajo de su casa —dice la mujer con pena. —¿Qué? No, claro que no. Dile que no permitiré que toquen mis cosas. —Es una orden, si le digo me regañará; si quiere dígale usted, por favor. —Sí, haga lo que le dijo —respondí sin darle importancia, no quiero explotar aún, le prometí a papá que iba a controlarme y no perderé la razón por un par de mudas de ropa. La hora de la cena fue terrible, el ambiente no me gusta; en mi casa no me siento así de tensa a la hora de compartir la comida con mi papá. Mamá hablaba de un nuevo procedimiento estético, por lo animada que está creo que se lo hará. —No creo que lo necesites —dice Alexander—. Te he dicho que estás bien cómo estás, te has sabido cuidar con la dieta y los ejercicios, pienso que no lo necesitas. —Me lo haré, ya tengo la cita con el doctor. No es nada invasivo, así que no hay riesgos. —Oh, no me habías dicho nada. Alexander deja su plato en un lado y entrelaza sus dedos mientras la ve. ¿Cómo pudo él poner los ojos sobre un ser tan feo como lo es mamá? Se escucha mal que como hija me exprese de esa forma, pero es una realidad. —Pues ya lo sabes, cariño. Aprovecharé el fin de semana porque tengo una reunión importante en Colombia, es un viaje de negocios y creo que me tomaré varios días; por eso pedí la cita con el doctor, para aprovechar el viaje. —¿Te irás este fin de semana? —Sí, como lo escuchaste. No dije nada antes, porque hasta ahora lo confirmo. Pero será solo unos días, puedes pedirle al entrenador que siga viniendo y también puedes ir al club. Te diría que me acompañes, pero es trabajo, sabes que es complejo. Miré a Alexander y su rostro ha cambiado completamente. —Se supone que vine aquí para pasar tiempo juntos, Clarisa; ¿Cómo que te vas? Lo sé, también te entiendo, vine para pasar tiempo con ella y tiempo es lo que he perdido —pensaba mientras los escuchaba. —Es trabajo, ¿Cómo iba a saberlo? —Tú hija vino para pasar vacaciones contigo, no puedes irte y también dejarla aquí. —Alexander, tú mejor que nadie sabe cómo es esto. No puedo cargar leña al monte, tengo muchas que hacer, pero no tardaré. Pensé que comprendías mi posición cunado te dije el tipo de trabajo que hacía. —Vaya, ahora yo soy el incomprensible, lo siento. Él deja su servilleta sobre la comida, se levanta de su asiento y se retira. —Se enoje o no, igual viajaré —dice mi madre continuando con su comida. ¿Cómo puede importarle tan poco?
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