Andrew se dirigió hasta el desván como Elizabeth se lo había pedido, mientras caminaba, sentía como si se estuviese encaminando hasta la horca, para después encargarse el mismo de atarse la soga al cuello. Le desagradaba la idea de encontrarse con esa mujer, pero él sabía que negarse no era una buena opción. De vez en cuando pensaba en Odette y en aquel chico elegante que la acompañaba, cada vez que recordaba el rostro de ese muchacho, sentía un extraño odio irracional que no podía dejar a un lado, lo detestaba con apenas haberle visto unos cuantos minutos, puesto que aquel joven llamado James, tenía lo que él posiblemente jamás tendría: una relación abierta y sin tapujos con la chica de sus sueños. Cuando llegó al amplio y solitario lugar, tomó asiento en uno de los sofás, ni siquiera se

