Una buena bruja

2083 Palabras
Anastasia despertó en la mañana, el sonido de las aves la lleno de intriga y la luz del sol perturbo su vista, hacía mucho tiempo que no dormía tan profundamente, su respiración era lenta y sus ojos seguían un poco hinchados por los sollozos del día anterior. Ella era solo una niña y aún así debía actuar como un adulto a tan corta edad, decidió recluirse en su habitación, escapar en ella de cualquier cosa que le afectará del exterior y al final, su piel palideció aún más y su ceño empezó a verse entristecido. Se acercó hasta el alféizar de la venta y posó sus brazos sobre él, suspiro un poco y luego se acomodó sobre un sillón relleno de paja, se quedó allí disociando, mientras las aves se acercaban hasta sus dedos y los observaban atentos. Anastasia miraba a las avecillas cantar mientras unas extrañas protuberancias marrones empezaban a salir de sus dedos, se quedó un largo rato en silencio y termino crear semillas de la nada. De la impresión dio un salto hacia atrás y trago saliva, no podía creerlo, sabía que podía hacer cosas fantásticas como le había dicho su abuela, pero nunca llegó a pensar que sería como en sus libros de cuentos. —Anastasia—Llamo su abuela en la entrada de su habitación, tenía la típica pose con la cual solía presentarse en eventos importantes, ponía sus manos sobre el agarre del bastón. La niña la miró y corrió hasta ella, rodio la falta de su vestido azulado y se quedó colgando allí durante varios minutos. Daphne suspiro. —Abuela...hice semillas—Revelo la niña al estirar su mano derecha hasta donde se encontraba su abuela. Daphne fascinada y curiosa se acercó a tocar la mano de Anastasia, tardo un momento en discernir las marcas pequeñas de su magia en la mano, tenía puntos muy pequeños de los cuales habían salido las semillas de sus dedos. Beso sus manos con dulzura y se rió llena de alegría. — ¡Es maravilloso!—Exclamo dulcemente. Anastasia se emocionó y sus ojos se llenaron de un brillo increíble, un haz de inocencia se reflejaba en los mimos y toda esa tristeza que había empezado a emanar desapareció sin dejar rastro alguno. Anastasia se levantó y observo sus manos extendidas frente a ella, los pájaros seguían en la ventana pícaros esperando que la niña continuará alimentándolos. — ¿¡Enserio!?—Pregunto la niña con una sonrisa amplia. Daphne sonrió levemente y luego asintió. —Eres muy mágica mi niña...yo en todos mis años nunca he podido crear semillas—Revelo al acercarse hasta un sillón, sus piernas envejecidas dolían un poco, pues sus rodillas se habían desgastado con el pasar de los años. Aunque podía enfocarse en encontrar alguna forma de rejuvenecer sabía que eso tendría un precio, pues toda acción tenía una reacción, podría ser mala o podría ser buena. Para Daphne el simple hecho de que Anastasia fuera una bruja albina con ojos violetas y empezara a crear vida de sus manos, le había dejado bien en claro que esa niña era una bendición de los espíritus. Pero el rey no lo vería de esa forma. — ¡Soy muy mágica!—Exclamo entusiasmada mientras corría por la habitación con las manos extendidas frente a ella. Luca tocó repetidas veces la puerta, ella cuidaría de Anastasia esa tarde debido a que Daphne realizaría una excursión por el bosque del este. —Duquesa—Saludo Luca al reverenciarlo tomando su vestido. Daphne asintió. —Luca cuida bien de la princesa y llévala al jardín puede que te sorprenda sus nuevas habilidades. —Elogio la anciana al levantarse. Anastasia abrazo a Luca y luego observó a su abuela retirarse. —No abuela...no te vayas—Hizo pucheros. La abuela se rió un poco y luego se acercó a besar su frente. —Princesa, debes arreglarte porque hoy tendrás un bello día—Amena. Anastasia sonrió llena de entusiasmo y corrió hasta la tina. Luca respiro aliviada, Daphne siempre tenía una solución a los problemas de cualquiera en el castillo. Y eso siempre terminaba por ocasionar un gran aprecio hacia ella, el rey la había escogido de entre las pocas brujas que quedaban en la Academia de los Rosales cerca del bosque de los dulces en el este. La mujer había tenido la suerte de ser duquesa y casarse con un hombre con el mismo título, pero al engendrar solo pudo tener una hermosa hija y a su vez eso fue lo que ocurrió con Andreina solo que ella no era una bruja, ni siquiera tenía sangre mágica en sus venas, pues los dones de saltaban una generación. Luca paso a la habitación con Anastasia, era temprano por la mañana y la niña ni siquiera había desayunado, la reina la esperaba en el jardín cortando flores pacientemente y creando coronas con las mismas entretejidas. Anastasia se quitó su bata de dormir y se metió en la tina, empezó a echarse agua ella misma, mientras Luca buscaba una esponja y un extraño jabón de color rosado que había creado Daphne en su cueva. Entra la espuma y el olor dulce del jabón, Anastasia salpicaba agua y balbuceaban palabras ininteligibles para Luca, quién se recogía las mangas de su larga camisa y se acomodaba el mantel de su vestido sentado en un banco para poder frotar bien el cuerpo de la niña. Después de terminar Anastasia salía de la tina limpia y oliendo dulce, diferente a todos los demás en el palacio, pues muchos pueblerinos que visitaban al rey por peticiones urgentes olían a estiércol o podredumbre. Pero Anastasia era la princesa, una princesa bendecida que debía oler a flores y miel. —Huelo muy bien—Presumió la niña mientras Luca terminaba de colocarle su vestido. Luca se echaba a reír y besaba su frente. —Si mi princesa, huele muy buen, podría comerla jajaja—Amenazo tierna al darle un beso en la mejilla. —Pero con cariño—Murmuro al juntar sus manos. —Si...con mucho amor su alteza—Murmuro nostálgica, pues Luca deseaba poder hacer feliz a la princesa tanto como Daphne. === Daphne se había aventurado en un carruaje a las afueras del castillo, el primer pueblo que visitó en su carruaje n***o fue el de Hellín que quedaba cerca de bosque, en el mismo tenían aún resguardado el mensajero que había contraído una extraña enfermedad. La bruja bajo del carruaje escoltada por dos caballeros en caballos y llevada por un chófer de ropas marrones, el día era fresco y las nubes cubrían varias veces al sol conforme los vientos las dirigían por el cielo, había recordado con claridad ese pueblo en los mapas, usualmente nunca realizaba visitas fuera del castillo y menos con la reciente expansión del clero. —Duquesa—Menciono un joven caballero de armadura naranja al extender su mano para ayudarla a caminar. Daphne la recibió amable y se acomodó un poco su sombrero. —Está muy tranquilo—Murmuro al notar que las casas con techo de tejas y paredes de bloques parecían estar deshabitadas. —Duquesa puede que estén en un templo no muy lejos de aquí—Anuncio el chófer del carruaje. Daphne miró cautelosa el lugar y arqueo una ceja. « ¿Un templo? Sera el templo del bosque» Dedujo pensativa al avanzar poco a poco por un sendero de tierra. Los dos caballeros que la escoltaban caminaban a sus lados sujetando la empuñadura de su espada guardada. Daphne respiro profundo al ver a unos niños correr de una casa a otra. Se llenó de cautela al seguir a ambos niños, las ventanas de la casas estaban cerradas y las puertas de igual forma, conforme los niños corrían uno se quedó atrás y termino quedándose afuera de su propia casa. El niño con ropas gastadas golpeaba varias veces la puerta de la pequeña casa azul, hasta escuchar a la bruja hablar. — ¿Por qué se están escondiendo?—Pregunto Daphne al cruzarse de brazos. El niño de cabello n***o se giró, parecía estar muy angustiada, podían verse urticarias a los lados de su cuello y a su vez tenía los ojos un poco enrojecidos pero no por un llanto aparente, tenía accesos en los brazos y el tono de su piel era muy blanco. Daphne apartó hasta su espalda a los caballeros que la acompañaban. —Están enfermos—Revelo la mujer—No se acerquen al niño, vuelvan al carruaje yo no encargaré de esto. —Ordeno la bruja cautelosa al dibujar un círculo con su bastón y luego en él una estrella de tres siete puntas. Los caballeros se miraron impresionados, no esperaban que Daphne se tomará tan seriamente un asunto como ese, pues el mensajero que había llegado del poniente se había alojado temporalmente en Hellín para poder ser tratado por los doctores, pero después de muchas semanas no habían recibido buenas noticias con respecto a sus cuidados. Por ello Daphne opto por dirigirse al lugar en persona. Había un olor a podrido y podía escucharse el zumbido de las moscas desde cierta distancia, habían varias casa bien cerradas y la integración humana era casi nula. —Si...si bruja, estamos enfermos—Menciona una mujer al abrir lentamente la puerta de su casa y salió. Tenía los mismos síntomas que el niño, era una muy extraña enfermedad, desconocía completamente lo que era, pero por las cruces al final del pueblo en la colina, sabía que varios ya habían fallecido en su lucha por combatir esa extraña enfermedad. —Bien, necesitaré tratarlos a todos los que quedan—Afirmo la bruja al estar dentro de un domo junto con los caballeros. La mujer camino hacia ella con los dos niños. —Nosotros somos los únicos que quedamos—Revelo con la voz ronca. Sus ojos estaban hinchados y su respiración se había dificultado, se veían bien sus huesos y presentaba los mismos accesos que los niños en los brazos. Daphne los observó un largo rato y luego empezó a sacar de una bolsa varias plantas medicinales. «Esto es muy extraño» Pensó. —Por favor entren a la casa nuevamente, en un momento los atenderé—Insto la mujer. La mujer pálida asintió y volvió a la casa con dificultad. Daphne ordeno nuevamente a los caballeros que volvieran hasta el carruaje y no tocaran nada en el camino de vuelta. Los hombres volvieron poco indispuestos. La bruja entro a la casa luego de empujar un poco la puerta de madera y observo la humilde morada de la mujer, su marido roncaba en la cama con los mismos síntomas, los niños se peleaban frente a la mesa por un trozo de pan mohoso que habían encontrado mientras registraban las casa que estaban vacías y la mujer se había sentado frente a la cama. — ¿Dónde está el médico del pueblo?—Pregunto la bruja mientras evaluaba la enfermedad. Se había puesto una máscara parecida a la cabeza de un ave, llamada yelmo, podía verlos claramente sin arriesgarse a ser contagiada y lo mismo pasaba con su traje n***o, convirtió su sombrero en eso. La mujer respiraba con dificultades. —Él estaba buscando un tratamiento que funcionara para la enfermedad, pero ninguna de las plantas servía y como último recurso fue hasta el templo del bosque, pero no sobrevivió... Enviamos muchas cartas al palacio, desde mucho antes que llegara el hombre de poniente empezábamos a enfermar—Confeso la mujer—Creímos que solo era un resfriado, pero fuimos muriendo poco a poco y ahora solo queda mi familia—Atona. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no fueron capaces de salir al arrodillarse con dificultad antes la bruja. — ¡Por favor sálvenos! ¡Se lo suplico!—Rogo la mujer arrodillada ante la bruja. Daphne asintió. Y empezó a preparar poco a poco un medicamento, saco de una bolsa que no parecía tener fondo, varios frascos llenos de ojos, animales y plantas extrañas sacadas de cuentos de hadas, prendió con una llama de su dedo la chimenea y empezó a preparar una sopa. —Cuando la sopa esta lista, deben tomarla toda sin dejar ni una sola gota, no importa que tan mal sepa—Ordeno. La mujer un poco desmayada asintió, mientras los niños observaban los frascos de la bruja intrigados. «No sé de donde viene está enfermedad» Pensó la bruja abrumada, mientras mezclaba en un caldero la sustancia que podía salvarlos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR