—Anastasia debes comer todos los vegetales—Ordeno su madre.
La niña de ojos violetas torció la boca y se llevó todo los vegetales a la misma, trago grueso, detestaba los garbanzos. Pero debía comer, últimamente había estado más débil de lo habitual, se quedaba dormida en las clases de historias que le daba el consejero real, al igual que el señor bibliotecario, podía pasar horas pensando solamente en una y mil cosas menos la historia de Dumnonia.
Cada vez contaba más los segundos para escaparse de la cueva mágica con su abuela y descubrir los secretos del mundo.
La magia estaba en sus venas como la realeza en su destino.
—Mamá, tú no te los comes—Reprocho.
Andreina se rió y empezó a dar pequeños bocados, la reina pidió a los albañiles reales que construyeran un hermoso invernadero con estructuras de vidrio y armazón de madera, para poder conservar varias flores exóticas y comer junto a la princesa cuando el rey no estuviera de viaje.
—Bueno, ahora sí los comeré, solo porque debo darte un buen ejemplo—Aseguro afable.
Más de una vez escucho a Daphne hablar sobre su extraña situación, sabía que Anastasia era una niña muy talentosa y más que eso, era muy distraída, pero recordaba todo.
—Detesto ser una princesa—Revelo al levantarse y acercarse hacia los tulipanes en el costado derecho de una mesa amplia.
Había distintos tipos de macetas, en cada una había flores distintas vividas y coloridas que adornaban los cincuenta metros cuadrados de la espléndida estructura.
Andreina dejó caer los cubiertos y ambos sonaron contra el plato, un halo de desaprobación recorrió su hermoso rostro y se posó sobre la niña, quién la mirada de reojo.
— ¿Por qué? ¡Lo tienes todo!—Exclamo entre regaños. —Muchas doncellas, campesinas y nobles desearían estar en tu lugar, tienes un título del cual sentirte orgullosa—Explico al limpiarse los labios con una servilleta que se encontraba sobre la mesa.
Anastasia se mordió un labio llena de rabia.
—Pues a mí no me gusta—Replico al cruzarse de brazos y sacarle la lengua a Andreina.
La reina se levantó de golpe y se acercó a ella.
— ¡Estoy harta de este comportamiento tan poco agraciado de tu parte Anastasia, las princesas no deberían comportarse así!—Regaño al jalarle el cabello.
Anastasia grito.
— ¡Yo no quería ser una princesa! ¡Yo no elegí está vida!—Espeto entre sollozos.
Andreina forcejeo un poco con ella y término soltándola al escuchar tal declaración de la niña.
«Yo tampoco quería casarme con alguien que no me amaba» Pensó al sentir compasión por su hija.
—Sabes, has lo que quieras...ser una princesa y una futura reina es abrumador—Respondió al sentarse una vez más en la silla elegante de metal.
Anastasia abrió los ojos y estos empezaron a brillar tenuemente.
— ¿Eres feliz mamá?—Pregunto abrumada.
Andreina ladeó de un lado a otro su cabeza y luego mofo sarcástica.
—No lo sé, solo fui feliz el día en que naciste...desde entonces no sé cómo sentirme—Alego al tocar su pecho—Sé que no parece y qué siempre estoy ocupada, pero enserio Anastasia hago todo lo que puedo como reina para darte todo lo que deseas hija—Justifico sus actos.
Anastasia bajo la cabeza.
—Solo quiero que dejes de actuar como una reina conmigo y seas mi mamá—Aclaro al sentarse frente a la mesa—Se mi mamá—Murmuro afligida.
Andreina frunció el ceño, pasaba más tiempo con Ceretic, con Shariock y con los nobles que con su propia hija, nunca se preguntó si estaba siendo criada bien o si su madre le había hecho eso a ella.
—Anastasia...yo tu madre, pero intentaré hacerlo mejor—Amable al estirar las manos—Podemos pasar más tiempo juntas—Propuso al darle besos en la manos.
Los ojos de Anastasia habían dejado de brillar, Andreina no lo había notado pero su hija la había hechizado ligeramente.
«No debí usar ese hechizo» Pensó al mirar el rostro arrepentido de su madre.
El hechizo de la verdad, era una de las tantas cosas que le había enseñado su abuela mientras estuvo en la cueva mágica. Hacía ver la realidad de los actos de las personas. Entrar en razón.
Sabía que Andreina nunca se arrepentía de lo que hacía, incluso muchas veces solía ignorar todo a su alrededor y solo se enfocaba en los dos hombres que le interesaba.
—Mmm sí. Tengo que irme—Respondió álgida al zafar sus manos de su agarre y darse media vuelta para irse.
Andreina se quedó en silencio, no sé atrevió a perseguirla solo observo como cerraba la puerta del invernadero y se desaparecía más allá de la existencia.
Llena de inferencia e incertidumbre, se aventuró al bosque sola manteniendo la respiración, para poder volver a la cueva mágica en la que su abuela le enseñaba los secretos del mundo mágico.
En el camino se topó con un chico, que vestía un chaleco azul cielo y un pantalón de gabardina n***o, su cabello se ondulaba ligeramente y sus ojos eran de colores diferentes, el derecho era azul y el izquierdo verde.
Anastasia lo observó un largo rato. El chico estiró su mano hacia ella y sonrió.
— ¿Eres la princesa?—Pregunto el joven buenmozo.
Anastasia giró hacia donde se encontraba el invernadero, los guardias continuaban allí sin percatarse de su desaparición, la niña asintió.
El chico levantó la mirada hacia donde se encontraban los guardias y tomo la mano de Anastasia.
—Soy Kiliam—Saludo al entrar al bosque con ella.
Anastasia llena de impresión se dejó guiar por el niño en el bosque. Seguía pensando en lo que le había hecho a su mamá.
—No te conozco—Replico al soltar su mano del agarre del chico.
Kiliam sonrió ampliamente, era un chico simpático, cinco años mayor que Anastasia que tenía ocho.
—Soy tu futuro esposo, Anastasia—Respondió al reverenciarla.
Anastasia se echó para atrás.
— ¿Esposo?—Se echó a reír como una niña llena de curiosidad.
El chico asunto afable y luego tocó sus manos.
—Sí, soy Kiliam Nataniel Loughty príncipe de Elmet—Revelo al sentarse sobre un tronco de un árbol caído y viejo.
Apenas era otoño y el paisaje se llenaba de hojas amarillas, naranjas y marrones. Eso era lo único que podía observar Anastasia.
«Mi padre me prometió al reino de Elmet» Pensó confundida.
De un momento a otro se llenó de angustia.
—Eres mucho más linda de lo que pensé, mi padre y yo decidimos venir de visita al castillo, yo quería conocer a mí futura esposa y mírate, solo necesitas tener tetas y más culo—Alego—Pero solo tienes ocho años...tardarás en desarrollarte—Dedujo al tocar su cara con las puntas de sus dedos, las deslizó hasta su mentón y levantó el rostro avergonzado de Anastasia.
— ¡Suéltame!—Ordeno la niña al empujarlo. — No logro creerte—Renegó al alejarse un poco hacia atrás.
Kiliam sonrió.
—Solo eres una mocosa, no necesitas creer nada—Espeto molesto.
— ¡Guardi!...—El cubrió un boca con sus manos para que nadie la escucharás gritar.
Kiliam chito a la niña y acaricio su cabello luego de olerlo varias veces.
—Si gritas...tendremos un gran problema, el novio no debe ver a la novia antes del matrimonio en mi reino—Murmuro amable al soltarla. —No quiero que me veas como tú enemigo Anastasia...solo quería saber si las historias eran ciertas—Musito al tocarse la nuca.
Anastasia frunció los labios y lo miro atenta, por algún motivo sentía la necesidad de confiar en él, solo era un extraño pero sabía que el único joven que tenía los ojos así era el Príncipe de Elmet, todo ello porque había escuchado hablar de eso a Luca muchas veces.
— ¿Qué historias hay de mí?—Pregunto cautelosa.
Kiliam sonrió, sus labios se pintaron de un rojo claro.
—Eras la santa de Dumnonia, muchas personas dicen que te ves como la ninfa del bosque... Pero yo te veo la dama blanca, por tu piel y tus cabellos...eres muy hermosa Anastasia —Respondió lleno de entusiasmo—Me llena de felicidad saber que mi esposa será aún más bella con el pasar de los años—Elogio al darle un beso en la frente a Anastasia.
La niña no lograba entender su tacto tan lleno de confianza, pero por algún motivo había sido permisiva con él, pero quién no sería amable con Kiliam Nataniel si era increíblemente hermosa y cortes, sabía cómo hablar, sabía cómo manipular, entienda perfectamente cómo tratar a las personas.
Anastasia se ruborizó al sentir sus labios contra la piel de su frente, solo era una niña pero un torbellino de mariposas invadió su interior, se imaginó que se casaban y se aventuraban a recorrer los reinos.
—La dama blanca—Balbuceo apenada.
Kiliam se acercó a besar su mano y con ello plantar su despedida.
—Me despido dama blanca...espero poder verla luego—Coqueto camino lentamente por el bosque hasta perderse.
Anastasia se quedó sola en el mismo lugar en el que él le había dado un beso inocente en la frente, se sentía confundida y ese título que los rumores le habían otorgado le parecía el nombre más hermoso que había escuchado.
«Soy la dama blanca» Pensó entre sonría coquetas.
La bruja los había observado, se abstuvo de interrumpir porque deseaba conocer las intenciones del príncipe, miraba desde atrás de una árbol solo podía verse su perfil, puede estaba camuflada con la madera del roble, estaba llena de incertidumbre, pues el príncipe Kiliam era particular, sin duda alguna no parecía un mal chico, pero había actuado con una intención que Daphne desconocía.
«Pudo matarla» Pensó al bruja al acercarse cojeando poco a poco con su bastón hacia la niña.
Daphne había salido de su cueva mágica para ir al castillo, tenía un asunto que tratar con el rey y para su sorpresa los asuntos que debían hablar había llegado hasta la princesa.
Respiro profunda y reviso a la niña que parecía inmersa en un trance.
— ¡Abuela!—Soltó la niña llena de entusiasmo—Soy la dama blanca—Respondió al abrazar a la anciana.
Daphne se quedó pensativa, en su rostro se había dibujado la incertidumbre, pues la princesa Anastasia si se parecía a la ninfa del bosque.
—Querida mía—Murmuro al guiar a la niña hacia el palacio. —Hoy no haremos magia—Informo al percibir un extraño hechizo.
Que se había quedado atrapado en el invernadero donde la reina solía tomar en te. Camino poco a poco observando a los caballeros de la orden del fénix atentos, mientras la princesa la seguía.
— ¿Abuela tú conoces al príncipe Kiliam?—Pregunto la niña llena de incertidumbre.
Daphne trago saliva y asintió levemente.
—Es un hermoso chico y el hijo del rey loco—Murmuro al tomar la mano de Anastasia—Solo lo he visto...nada más—Contesto un poco disgustada.
Sabía que el reina de Elmet Ingritt Jaime Frederickson era muy extraña, pues en realidad era una mujer muy masculina, que le encantaban los dragones y las mujer, hacia años atrás, antes del nacimiento de Kiliam, el rey Jerome Nataniel Loughty murió en las islas desconocidas en una expedición de exploración, mientras la reina tenía a su hijo y lo criaba sola, empezó a enloquecer esperando que un día volviera su marido, según un sirviente de ese castillo, la reina empezó a ingerir extrañas sustancias que empezaron a cambiar su cuerpo y sus pensamientos, la reina se volvió un rey loco, Elmet se convirtió en la primera reina viuda en volverse un rey.
—Si es muy hermoso—Respondió Anastasia.
Daphne cerró los ojos y luego respiro profundo.
— Él será tu esposo Anastasia, algún día tú serás una muy poderosa reina —Revelo—Pero debes saber que el poder no se mantienen infundiendo miedo, sino siendo un regidor amado—Aconsejo.
— ¿Crees que mi papá sea una rey amado? —Pensó Anastasia al mirar a su abuela con curiosidad.
—Tu padre, el rey Shariock tiene muchos defectos, pero es un buen rey y es amado—Respondió al mirar con detenimiento a Andreina quién se encontraba en el invernadero llorando en silencio.
—Yo quiero me amen como aman a papa—Dijo Anastasia—Quiero ser buena reina...pero a veces no quiero tener una corona—Respondió llena de nostalgia.
Daphne sabía que su destino no era algo que podía elegir ella misma, desde pequeña a Anastasia se le había hecho seguir ordenes, leyes y vivir bajo el estricto cuidado de doncellas, no podía simplemente dejar de reinar porque no quería o no se sentía cómoda, debía hacerlo aunque no quisiera.
Porque todo en sus vidas se regía por eso. El estar obligado hacer algo que no querían, era su pan de cada día.