Dorian suspiro, pues los días de lluvia empezaba a aumentar cada vez más y sus ganas de salir de adentro del tronco eran cada vez menos. Era un lugar cálido y tranquilo, hacía mucho que no se sentía cómodo y tranquilo en un lugar. Se sentía vacío. Sentía que le hacía falta algo pero no entendía que, ni siquiera podía recordarlo con claridad. Hasta que despertó una mañana menos desorientado, sus nombres resonaban en su cabeza y se le hacía un poco menos difícil pronunciar aquellos. —Daniel...Jani...Jared...—Murmuro con una pesadez en el pecho incomprendida. Jadeo adolorido y un extraño sentimiento de ira empezó a mermar de su interior. — ¡Delius Candida!—Vocifero. El perro que le hacía compañía y le buscaba comida se asustó y chillo cuando escucho aquel grito iracundo. Dorian empez

