Capítulo-

262 Palabras

Desde los caminos que unían la salidas del Este se escuchaban los cascos de la yegua de Elena, aquella llamada Lluvia. Seguida de Eugene, esta le miraba con una mueca de asco; ¿cuántas veces debía decirle al flacucho ese que dejará de jugar con la saliva mientras caminaban a las ruinas que eran su hogar? Si bien la peliblanco tenia paciencia a veces —no es cierto—, está la perdía con una rapidez de a parpadeo —muy cierto—. Cada vez que el muchacho hacia una burbuja y la reventaba con su lengua le daban ganas de parar todo, bajarse de Lluvia y pegarle un manotazo en la cabeza para que dejará de ser un crío insoportable. Ruth se tambaleaba y resoplaba; cuantos más avanzaban más lejos estaban del destino, por más que eso no tuviera sentido alguno. Podía alucinar que veía el mismo camino de

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