Capítulo 31.5

236 Palabras

Dentro de los muros del palacio de la nación de los rubíes una voz estruendosa resonaba amenazante y furiosa; se trataba de la reina que no se encontraba para nada feliz. —Así lo he escuchado yo, mi señora —insinuó una mujer de poca estatura; Miri se llamaba ella—. El rumor se ha corrido muy rápido entre los fisgones del pueblo. Tal parece que Zacarías nos ha dado la espalda... ¿o es que acaso me equivoco? ¿acaso su orden, majestad, no fue demasiado clara? Pues ha hecho todo lo contrario a lo que usted le ha ordenado —acusó la mujer—. ¡Qué desgracia! Ágata no paró de mover el talón de su pie, golpeando con el tacón de su zapato el piso marmoleado que había bajo el trono. Esta mujer implacable y con ojos encendidos en fuego estaba histérica, no podía creer lo que escuchaban sus oídos; ¿r

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