El cuerpo de Ruth se tensó al estar en medio de aquella situación. Eugene estaba listo para sacar su espada mientras que aquella mujer desconocida con pendientes de cristal verde tomaba la misma posición que el pelinegro. Una riña complicada y nadie parecía tener la ventaja. Horrendo. —¡Identifícate! —exigió el guardia real en el nombre de su reino. —¡Usted identifíquese, lunático! —gritó la mujer que no parecía querer cooperar con ningunos de los que tenía frente a ella. —¡Sabes cuál es la ley! —le advirtió Eugene manteniendo a Ruth trás él mientras Elena se mantenía alerta a un lado del muchacho— ¡si no te identificas no sólo le estaría faltando el respeto a toda la nación de los Zafiro, sino a todas las naciones que han respetado la.ley de identificación por años! ¿realmente quiere h

