Capítulo 30

1304 Palabras

—Verás —y una vez dicho eso comenzó a sacar la esmeralda de su bolso, donde el hurón seguía metido; por un momento se lastimó con sus garras, pero logró sacar la piedra. Entonces (es que Ruth aún no entendía cómo era que funcionaba tal cosa) Eugene amplió una pantalla holográfica que a diferencia de la de Margaret la morena había notado que esta tenía una luz verde y no azul neón, sino un verde chillón muy resaltante. Lo primero que se mostró fue la foto de su rostro. —Oh, demonios —maldijo la herrera entre dientes; ya podía oler que algo muy malo estaba pasando. Se sintió tonta por haber entrado en confianza con aquella extraña. Casi casi que le cuenta sus hazañas, (si es que realmente existían). »Aquella mujer se veía tan agradable que no puedo creer que realmente fuera todo una farsa

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