Raven cerró la puerta de su habitación y mantuvo la mano sobre la misma. Su mente no dejaba de darle vueltas a lo que había hablado con Ewen. Primero, tendría que encontrar un momento para plantearle a Carlie esa elección, pronto si Faye continuaba en la ciudad. No quería darle la oportunidad para que él pudiera volver a destrozar su vida de nuevo pero se mortificaba porque, a cambio, destrozaría la de Carlie. No quería que se volviera un monstruo como él. No debía existir, era... Anormal. Durante su vida jamás había pensando que los vampiros existían, no eran más que leyendas como la magia que contaban las historias de sus ancestros. Y ahora era todo lo que alguna vez había despreciado, un ser sediento de sangre que tenía que alimentarse de otros para vivir. Y encima era tan cobar

