Raven observó de forma analítica su entorno. Estaba rodeado de media docena de lobos además de la chica situada delante de él, la cual olía como humana a pesar de la fragancia que la rodeaba. Los animales lo miraban mostrándole sus colmillos, encantados de abalanzarse sobre él y despedazarlo. Pero estaban controlados, al menos por ahora. Sintió al perro n***o a su lado. Al parecer iba a tener un aliado si las cosas se ponían feas. Y si no lograba convencerlos de lo contrario, se pondrían muy desagradables. —¿Qué...? —Cierra la boca, vampiro —cortó la chica dejándolo con la palabra a punto de salir, las cejas alzadas ante tal orden—. No tienes derecho a calentar nuestros oídos con tus patéticas excusas. —¿Y de qué se le acusa, muchacha? —preguntó una voz que reverberó por toda la zona.

