Raven salió de la cama y se puso de pie en unos segundos, completamente vestido, ante la atenta mirada de Carlie. —Oye, échame una mano a mí —replicó al lado desnuda. Él se volvió a ella y la miró de arriba a abajo. Esbozó una sonrisa pícara. —¿Algo en especial? —Déjate de tonterías. Se echó a reír pero convocó unos vaqueros negros, camisa blanca y chaleco a juego con los pantalones. Carlie se miró por delante y por detrás sintiendo la ropa en su cuerpo y lo bien que le sentaba. —Podría acostumbrarme a esto... —murmuró. —Yo lo haría... —¡¡Carlie!! —gritó Bastian de nuevo recordándoles por qué estaban vestidos. —Mi hermano te va a matar... —le recalcó. —¿A mí? Creo que primero lo hará contigo. —No... Va a ir a por ti. Raven abrió la puerta de la habitación y le cedió el paso a

