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1071 Palabras
Punto de vista de Alexa. Golpeaba el suelo con los pies repetidamente, preguntándome qué podía hacer. Estaba muy aburrida y, como no tenía nada que hacer, decidí planificar mi día, pero apenas había nada que hacer. Aparte de mi nuevo amigo, (insertar nombre), al que conocí en la cafetería, no tenía con quién más hablar, lo cual era bastante frustrante. Estaba harta de no tener con quién hablar en casa. Casi siempre solo estaba Mary, pero ahora había seguido a la abuela para buscar algunas cosas. Creo que la abuela la había sacado a propósito para que yo no tuviera con quién hablar. Los demás empleados se mantenían al margen y no se metían con nadie, así que no podía entablar conversación con ellos de repente. Además, ninguno era tan simpático como Mary. Y ya había pasado una semana desde la última vez que vi a mi esposo. Seguía preocupada por su paradero. Lo mínimo que podía hacer era contestar mi llamada o mi mensaje para decirme dónde estaba y asegurarme que se encontraba bien. Y yo sabía que estaba perfectamente bien, porque si no, la abuela no estaría tan tranquila con su desaparición. Parecía que ella también se había acostumbrado a ese comportamiento. Estaba segura de que sabía dónde estaba, pero ojalá me lo hubiera dicho. No me atreví a acercarme y preguntarle. De todas formas, dudaba que me lo dijera. Suspirando con fastidio, me coloqué el pelo detrás de las orejas y cogí el bolígrafo y la libreta donde anotaba mis planes para el día. Intenté pensar en algo nuevo e interesante que pudiera hacer, pero no se me ocurría nada. Mi vida transcurría prácticamente igual todos los días. Al menos, así había sido durante la última semana. Me despertaba, hacía mis cosas, desayunaba e intentaba dibujar, algo que casi siempre terminaba en fracaso. Pensaba en dónde podría estar Ethan y me preocupaba por él. El único cambio en mi rutina era que había hecho una nueva amiga y hablaba con Mary. Al darle la vuelta a la página de mi cuaderno, comencé a sombrear suavemente, intentando despejar mi mente y hacer un boceto libre. Intentar despejar mi mente fue una misión fallida. No pude hacerlo. Lo primero que me vino a la mente fue el beso de Ethan. Sé que había pasado una semana desde que sucedió, pero no podía dejar de pensar en ello. Y preguntarme por qué lo hizo si luego iba a tratarme así. ¿Estaba intentando manipularme psicológicamente? Sabía que era algo que podía hacer. No podía descartarlo. Quizás este fuera uno de sus planes con Allesia para volverme loca, y no podía permitirlo. Necesitaba dejar de pensar en él, dejar de engañarme y de soñar con un futuro feliz a su lado. Necesitaba ser realista. A Ethan no le gustaba nada. Y dentro de un año, nos separaremos, y entonces estará con la chica con la que estaba destinado a estar desde el principio: Allesia. Suspiré profundamente, cerré el libro y cogí el móvil con la esperanza de haber perdido alguna llamada o tener algún mensaje de Ethan. No fue así. El único mensaje que tenía era de Rosaline. Abrí el mensaje y leí lo que me había escrito. Me había preguntado si quería tomar un café con ella hoy. Pero eso fue hace más de tres horas y ya era muy tarde. Eran casi las seis de la tarde y no me gustaba salir tan tarde. Además, seguía teniendo mis dudas sobre salir porque temía que me acosaran de nuevo y no quería eso. No estaba preparada para pasar por esa humillación otra vez. Escribí rápidamente mi respuesta, diciéndole que no y disculpándome por la tardanza. Suspiré y me levanté del sofá cuando el aburrimiento se hizo insoportable. Decidí ir a la sala de cine y me dirigí hacia allí, respirando hondo con frustración. Justo cuando me acomodaba en el sofá y cogía el mando a distancia, la puerta se abrió de golpe y alguien asomó la cabeza. Era uno de los empleados de la casa. —Buenas noches, señora Bruce —me saludó. No me molesté en decirle que me llamara Alexa. Ya sabía que no contestarían. La única a la que no le importaría era a Mary. —Buenas noches —respondí secamente. En ese momento no me sentía capaz de sonar amable ni educada—. ¿Sucede algo? —No, señora Bruce. Vine a informarle de que el señor Bruce ya está en casa y la está esperando en el salón —respondió, hizo una leve reverencia y se marchó al instante, cerrando la puerta tras de sí. Tardé un instante en asimilar el mensaje, y entonces me levanté de un salto del sofá, me puse las zapatillas y salí corriendo de la sala de cine hacia el salón. Me repetí a mí misma que debía tener cuidado y no apresurarme, pero no pude evitarlo. Prácticamente bajé corriendo las escaleras como si me persiguieran, solo porque quería ver a Ethan. Literalmente me abalancé sobre él al llegar a la sala, rodeándole la cintura con mis brazos y apoyando mi cabeza en su pecho. Estaba rígido, con los brazos colgando torpemente a los lados. Inhalé profundamente su aroma antes de separarme de él. —¿Y dónde has estado desde la semana pasada? —le pregunté, observándolo con atención. Vestía un traje impecable, como siempre. Su cabello estaba cuidadosamente peinado y tenía su habitual mirada fría. Había vuelto a ser el Ethan que yo conocía, no el que me besó. Y eso me asustó un poco. Me crucé de brazos y fruncí el ceño al no obtener respuesta. “¿Dónde has estado, Ethan? Exijo una respuesta. No puedes simplemente irte una semana sin comunicarte conmigo ni contestar mis llamadas y mensajes, y luego llegar a esta casa como si nada hubiera pasado. Las cosas no se hacen así, Ethan. ¿Adónde fuiste?” “Realmente no creo que eso sea asunto tuyo”, se le respondería secamente. Mi ceño se frunció aún más. “¿Lo dices en serio? ¿Dónde te has metido, Ethan?” —¿Puedes dejarlo ya? —respondió con frialdad—. No eres mi dueño. Que yo sepa, mis movimientos no te incumben. Abrí la boca sorprendida, y entonces una risita amenazante llamó mi atención. Desvié la mirada y final mente me fijé en la persona que estaba detrás de él.
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