La nieve comenzó a caer como gotas de llovizna, pequeñas y blancas, se apegaban al vidrio del coche como estrellas. Dalia jugueteaba con el dije de su collar, mientras que Jan manejaba tranquilo por las movidas calles de Yongsan-gu. Aunque su rostro reflejara una serena ola de calma, su interior era caótico e inquieto. No había experimentado esos nervios hace mucho tiempo, se sentía tan frágil y vulnerable que la había alejado para protegerse de sus sentimientos, solo por no querer que la mujer los viera. Pero en ese acto de defensa, no solo protegió lo suyos, sino vio los de ella. En su mirada miel descubrió un secreto que le estremeció. La joven como la recordaba, solía observarlo sin miedos, le escrudiñaba el alma, se admiraba por el como si fuera un tesoro solo a sus ojos, que merecí

