Habían acordado hacer un alejamiento dentro de la oficina de manera gradual, para aparentar con los demás empleados y que no se crearan rumores “peligrosos” que pudieran llegar a oídos de Aquiles. Al día siguiente Elio llegó a su oficina, lo primero que vió fue a Enith sentada en su escritorio formando palabras con sus dedos en la computadora, tan bonita con su característica sonrisa y esa vestimenta formal que tan bien le quedaba, suspiró por no poder besarla. — Buenos días Enith —la saludó con el semblante serio intentando alejar todo tipo de pensamiento bonito hacia ella, por lo menos en ese instante. — Buenos días señor presidente —saludó la chica con el semblante serio. Minutos después Enith entró a su oficina con la charola del té de las mañanas en las manos. — Deja la cha

