Luciano
Estoy nuevamente en el antro El bajo mundo bebiendo un whisky, cuando escucho como unos hombres detrás de mí, comienzan a hablar sobre una mujer que está sola bebiendo en la barra y apostando sobre quién será el afortunado de llevársela a la cama, sólo por curiosidad posó mi mirada en la misma dirección que ellos, veo a una mujer que está de pie quitándose su abrigo, al principio la veo como cualquier mujer de las que acostumbran a venir aquí, pero cuando se gira un poco saludando a alguien me quedo sin habla y sin poder pensar con claridad.
Se trata de Lucrecia, la cual lleva un vestido verde esmeralda corto de lentejuelas que se ajusta a su cuerpo como una segunda piel, la parte trasera solo se amarra con unas tiras en la parte superior, dejando al descubierto toda su espalda desnuda en un escote que termina en la parte baja de ésta.
Se levanta de su asiento y veo que se dirige hacia los sanitarios, por el rabillo del ojo veo que los dos tipos que hablaban de ella hace un momento, se levantan al mismo tiempo en un intento por seguirla, pero me les adelanto y llegó a ella antes de que intenten algo, la tomó por la cintura y me le acercó. Ella se gira e intenta darme un golpe en la mandíbula con su pequeño puño, en cuanto ve de quien se trata se relaja y cambia su expresión.
—¡Buenas noches, señorita Lucrecia! —me acercó a su oído para que pueda escucharme, mientras con la mano que la sujeto acaricio su espalda desnuda.
—¡Buenas noches, señor Luciano! —Trata de alejarse un poco de mí, pero yo sé lo impido— Necesito ir al sanitario si no le importa. —La suelto un poco, mientras la guio hacia donde desea.
—La espero aquí señorita, es más seguro, alguien podría intentar aprovecharse de usted. —No dice nada, solo asiente y después de unos minutos regresa.
—Bien muchas gracias por acompañarme, ahora debo irme. —Camina en dirección al gentío, pero verla así tan hermosa y sexi hace que se despierte algo en mí, la jalo pegándola contra mi pecho y la arrastró hacia una puerta que dice bodega, cierro la puerta y pongo el seguro.
—¿Qué es lo que intenta hacer Luciano? —inquiere con un ronco susurro, sin pensarlo más la beso como nunca hubiese imaginado, al principio ella se rehúsa, pero después de la insistencia de mi boca sobre la suya también me responde el beso y es el mejor beso que he recibido en meses.
Comienzo a deshacer el nudo de su vestido e intento bajárselo, pero ella me detiene.
—No es correcto usted está comprometido y además no quiero revolcarme con usted sabiendo que ya se ha acostado con su novia. —Por el tono en que lo dice sé que Maritza no le agrada.
—Hace meses que no tengo intimidad con ella. —Me mira sorprendida y después desvía su mirada, mientras me suelta e intenta volver a amarrar su vestido—. No me malentienda, no recuerdo cuando fue la última vez que estuve con ella, después de mi accidente no he querido hacer el amor con ella. —No entiendo por qué, pero me siento en la necesidad de explicarme, es como si se lo debiera, veo cómo cambia la expresión de su rostro y ahora es ella quien me besa apasionadamente.
Vuelvo a tomarla entre mis brazos y bajo su vestido dejándola solo en unas sexis bragas de encaje a juego con su vestido, ella se muerde los labios, mientras yo me deleito en cada milímetro de su cuerpo. Me acerco nuevamente a ella y masajeo uno de sus senos mientras beso el otro, ella por su parte comienza a quitar con desesperación mi ropa, sigo jugando con sus pezones hasta ponerlos duros para luego levantarla haciendo que enrede sus piernas en mi cintura.
Está mujer me vuelve loco, desde el primer día que la vi en persona muero de ganas por hacerle el amor y por un capricho del destino por fin he tenido esa oportunidad, muevo un poco sus bragas haciéndome espacio y de una sola estocada la penetró, al principio se retuerce un poco de dolor pero poco a poco comienza a gemir de satisfacción a medida que voy aumentando la velocidad de mis embestidas, siento como ella se comienza a contraer y sé que está por correrse, me apresuró y después de unas cuantas embestidas más ambos llegamos al clímax.
Nos quedamos así un rato, después salgo despacio de ella y me doy cuenta de que no he usado condón, aunque la verdad es que nunca traigo conmigo decido no comentarle nada al respecto, con un poco de culpa me apresuró a vestirme y después la ayudó a que se termine de vestir, nos envuelve un silencio incómodo y soy yo quien decide romperlo.
—Me gustaría volver a verla —Me acercó a ella y beso un poco su cuello, no entiendo porque le hablo con tanta formalidad después de lo que hemos hecho—: quisiera volver a estar con usted, así como hoy. —Ella suspira me da un beso rápido y antes de salir por esa puerta se gira para hablar conmigo.
—Saldré por unos días de Italia, pero volveré en una semana a más tardar, estaré muy seguido por aquí. —Asiento y ella sale sin agregar algo más.
¿Creen que Massimo se vuelva a enamorar de Lilibeth? o ¿Tal vez muy en el fondo hay una parte de él que todavía la recuerda?