—¿Con quién estoy hablando? —preguntó Paola, su tono cargado de desconfianza. —Tu papá. Por favor, ven a casa. Tenemos que hablar —respondió Brandon, su padre. El corazón de Paola se llenó de disgusto al escucharlo. No tenía contacto con él desde hacía doce años, y el simple hecho de que ahora se atreviera a decirle que volviera a casa le parecía un acto de descaro absoluto. ¿Cómo consiguió mi número?, pensó, enfurecida. Estuvo a punto de colgar cuando respondió con frialdad: —No tengo tiempo. Adiós. Sin embargo, antes de que pudiera cortar la llamada, su padre habló con urgencia: —Es una cuestión de vida o muerte. ¿Vida o muerte? Las palabras la detuvieron. Después de unos segundos de silencio, con el teléfono aún pegado a su oreja, finalmente respondió: —Iré. Sin esperar una resp

