Paola descendió del taxi que la había dejado frente a una de las mansiones más imponentes de la ciudad. El edificio era tan vasto y majestuoso que parecía capaz de albergar cómodamente a siete generaciones. Esta mujer es realmente rica, pensó mientras cruzaba la entrada principal. Miró su reloj de pulsera y confirmó que había llegado a tiempo. La enorme puerta principal estaba entreabierta, así que dio un paso al interior y se encontró en una sala de estar monumental, decorada con muebles de estilo clásico que parecían sacados de un palacio real. —Hola, Paola —la saludó una voz familiar. Al ver a la mujer, Paola caminó rápidamente hacia ella. —¡Señora, buenos días! —dijo con cortesía. —Bienvenida, querida. Me alegra que finalmente hayas venido como prometiste —respondió la mujer, Eliz

