Paola respiró profundamente, intentando calmar el acelerado latido de su corazón. Nunca imaginó que terminaría en una situación tan peligrosa, y mucho menos ante un hombre tan intimidante como Dereck Maxwell. Se giró hacia él, que aún la observaba con una mirada severa y calculadora. —¿Estás tratando de llamar mi atención por todos los medios, mujer?—preguntó él, su tono frío como el hielo. Paola lo miró, sorprendida, pero no dejó que su voz temblara. ¿De qué estaba hablando? La incredulidad la invadió, y antes de poder reaccionar, respondió rápidamente: —No… no, no lo soy. Ni siquiera sabía que estabas aquí. Vi a este hombre abofetear a este anciano y me disgustó que todos estuvieran mirando, así que vine aquí para defenderlo—, explicó, su voz firme y sincera. Dereck la miró con una m

