ARVID. Llevo a Silvia al hotel porque después del veredicto del juez se puso muy mal, y no quería que los niños la vieran así. Como ya es tarde la traigo a mi suite en el hotel. Le acuesto en la cama, me recuesto a su lado cubriéndonos con una suave manta. Le abrazo fuerte para que sienta que no está sola, que ni su padre, menos yo, dejaremos que esos dos se salgan con la suya—. Cinco años Arvid ¿Crees que es justo? Y dos de ellos libres —solloza. —Volveremos a reabrir el caso, no descansaremos hasta que esos dos paguen por lo que hicieron. —Pasara lo mismo si es hijo de Emanuel Cásper y el hijo de una jueza. —Nosotros también tenemos poder, y si para hacer justicia tenemos que jugar sucio, bajarnos a su nivel lo haremos —le aseguro mientras le doy un beso en la cabeza. La tengo abra

