En lo alto del cerro tunqui, una majestuosa boda se celebraba. Él novio esperaba ansioso a la novia, la mujer que había elegido para su compañera de vida, quien lo acompañaría hasta la eternidad. Su amada Silvia caminaba de la mano de su padre, con su glamuroso e impecable vestido blanco. Sus dos hijos la seguían, sosteniendo el largo velo de cada lado. Cuando la música empezó a sonar, dando el inicio de la entrada de la novia, Arvid se giró lentamente, para contemplar a su gran amor, caminar hacía él. Una gran sonrisa se ensanchó en sus labios, sus ojos brillaron y su corazón latió con fuerzas al ver a el amor de su vida, caminar en su dirección para unir sus vidas ante Dios. De última hora Silvia decidió cambiar el lugar de la boda, una pesadilla donde las llamas alcanzaban los te

