Llegando, Norma fue cuestionada por Arvid—. Fuiste tú ¿Verdad? —¿De que me hablas? —Envenenaste a roco. Se acomodó en el amplio sillón, mientras las miradas de sus hermanos, esposo y cuñado estaban puestas en ella. —No sé de qué me hablas… —¡Claro que lo sabes! —crujió los dientes fulminándola con la mirada—. Eres un ser despreciable, alguien sin alma como para atentar contra un ser indefenso. —No he tocado ese maldito perro. Si tienes pruebas de que fui yo, adelante, denúnciame. Arvid cerró los ojos, suspiró profundo y evitó irse sobre su hermana, y sacarle la verdad a las malas. No era un hombre violento, desde niño aprendió a respetar a sus hermanas y niñas. Ahora de grande no volvería a ponerle una mano encima, por muy enojado que estuviera. —No tengo pruebas para demostrar q

