Me quedo apoyado del mesón, observando cómo come con gusto un gran plato de pasta. Mi mano sujeta mi quijada, dándome la comodidad de admirar su belleza natural. ─¿Qué?─ Pregunta a medio masticar. Sus ojos me muestran desconcierto. ─No me mires así, sé que parezco una puerca comiendo tanto, pero esta pasta está buenísima. Dios, nunca había tenido tanta hambre─ habla, haciéndome pensar en lo último. ─Pensé que ya me había ocupado de eso─ digo, colocándome erguido para cruzar mis brazos a mi pecho, dándole una mirada atenta. ─Oh… eso sí que lo hiciste. Ahora sí hablo de otro tipo de “hambre”. Pervertido─ esboza una sonrisa que se convierte en una de mis favoritas. ─Eso ya lo sabía─ digo sarcástico. ─¡Valech!─ Exclama riendo. Me acerco a ella, besando su sien. ─Estás más he

