Capítulo 131 Las hormonas traicioneras Mientras me lavaba los dientes mirándome al espejo, una imagen del hombre moreno con aires de Dios griego que me miraba con desprecio en mis recuerdos de ayer llegó a mi mente… lo extraño es que, en este nuevo recuerdo, me miraba con cariño y me entregaba un cepillo de dientes con crema de manera muy gentil y considerada mientras acariciaba mi cabello y me decía “Amo lo rebelde que son tus rizos cuando te levantas; Dios permita que, si tenemos una hija cocinándose en tu pancita, herede esos hermosos rizos” De nuevo me invadieron esas malditas ganas de llorar, terminé de lavarme los dientes frustrada, el Adonis de mis sueños se hace cada vez más claro en mis recuerdos y ahora comienzo a creer que Reginaldo me dijo la verdad, ¡je! Es probable que, S

